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La competencia económica transfiere más dinero a la gente que los programas sociales. No la elimine, Sr. Presidente”.

Este es el singular mensaje que el gran economista Fausto Hernández Trillo ha enviado al presidente López Obrador en una nota difundida, con ese título, en Arena pública (https://bit.ly/39mFOmO).  E

nunciado el hecho, Hernández Trillo procede a ilustrarlo con ejemplos persuasivos: En el año 2000, un plan de celular normal costaba 900 pesos. Hoy un plan muy similar, cuesta 300. Esto, gracias a la competencia abierta por la reforma a las telecomunicaciones.

La primera televisión de plasma que llegó a México, en 1994, era de 15 pulgadas y costaba 220 mil pesos.

Hoy, un televisor del mismo tamaño cuesta 4 mil pesos: gracias a la competencia desatada por la apertura comercial.

Un plan básico de internet contratado en el año 2000 con la casi única compañía que había en el mercado costaba 700 pesos. Hoy, un plan similar cuesta 350 pesos. Gracias a la competencia: porque hay muchas compañías.

La competencia bancaria, sigue Hernández Trillo, ha llevado las tasas hipotecarias de los 50 puntos porcentuales de los años 1990 al actual 9 por ciento de la banca privada, el ISSSTE y el Infonavit.

Sigue Hernández Trillo: la competencia entre supermercados evita que el precio de los alimentos se eleve sin justificación.

Gracias a la competencia, el mercado de la leche tiene hoy más variedad y mejores precios que nunca.

La proliferación de marcas y competidores quiere decir también proliferación de empresas y de empleos, lo cual también beneficia al pueblo, dice Hernández Trillo.

Ahora que parece haber una revuelta gubernamental contra la Comisión Federal de Competencia, la Cofece, los ejemplos de Fausto Hernández Trillo sirven de oportuno recordatorio.

Porque la Cofece se encarga, entre otras cosas, de investigar y vigilar procesos de precios y de competencia como los enumerados por el economista.

“Eliminar la Cofece”, le dice le Hernández Trillo al Presidente, significaría “un gol anotado a los consumidores por parte de la mafia del poder”.

En suma: por sus efectos económicos, la competencia puede ser vista como un bien para el pueblo y como un antídoto contra la mafia del poder.