Quizá la jefa del Estado Mexicano debería de adoptar una opinión ponderada, contenida, racional en relación con la captura de un presunto narcotraficante, que ni puede demostrar, con actas oficiales, ser presidente constitucional de Venezuela
Tras la invasión en Irak, EU se deshizo de todos los fieles al régimen y no quedó nadie que supiera cómo manejar el país. Irak se volvió un caos. ¿Resultado? Pasó de una dictadura sanguinaria a un Estado fallido. Esa fue la gran crítica a EU.
Tras la captura de Maduro, EU parece más pragmático para no repetir el error de Irak, en su idea de garantizar que Venezuela se alinee con sus intereses. ¿Resultado? Incierto, como la vida. Pero a diferencia de Irak: ahora parece tener un plan.
¿Los intereses de EU?: acabar con el flujo de drogas desde Venezuela, que salgan los agentes iraníes, cubanos y redes terroristas islámicas, detener la venta de petróleo a sus adversarios y, cuando sea posible, facilitar elecciones libres.
Por eso, son puro humo los discursos nacionalistas y cierres de filas de la cúpula chavista luego de la invasión: poco antes de que lo agarraran, Maduro bailaba y pedía que fueran por él; y poco después de que lo agarraran deseaba feliz año encadenado en EU.
Lo explicó el editorial de La Jornada al día siguiente de la captura de Maduro:
“¿Será un acuerdo o que será. Pero algo huele mal en el asalto a Caracas”.
Por extraordinaria que sea la maquinaria de guerra e inteligencia militar de EU, Maduro sólo pudo ser capturado porque sus cercanos lo sirvieron en bandeja. La Jornada es más que un diario: es un proxy ideológico de la izquierda latinoamericana.
De ahí que la propia Jornada, que sí le sabe a esto, cambió de “palo pá rumba” al otro día y se sumó al humo de los discursos:
“Honor a los 32 cubanos que dieron su vida por proteger la del presidente Maduro”.
Así que, lo importante, es lo que hay detrás del humo de los panegíricos nacionalistas y de cierres públicos de filas alrededor de la dictadura chavista: la realidad es que Maduro está preso, y que EU parece decidido a imponer un nuevo orden en la región.
Lo llamativo es que sea la presidenta de México quien se convierta en la principal defensora de Maduro. En la Mañanerade ayer parecía su abogada: “Interesante lo que dijo el presidente Maduro, tiene que haber celeridad y justicia para el presidente Maduro”.
Ni la cúpula chavista en Venezuela pone tanta enjundia para defender a Maduro como la presidenta de México. Debería bastar la fuerte postura de México en la ONU: “Rechazamos enérgicamente las acciones militares ejecutadas unilateralmente en Venezuela”.
Quizá la jefa del Estado Mexicano debería de adoptar una opinión ponderada, contenida, racional en relación con la captura de un presunto narcotraficante, que ni puede demostrar, con actas oficiales, ser presidente constitucional de Venezuela.
Mínimo.
