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La táctica de los dictadores de “a ver quién es el que la tiene más grande”, como canta Serrat en Algo personal, fracasó ayer en Venezuela: Maduro cedió ante la presión internacional, tras detener al presidente legítimo Juan Guaidó.

Tras usurpar el poder en una toma de posesión sin respaldo internacional ni apoyo del 82 por ciento de los electores, Maduro detuvo al líder del Parlamento que es, constitucionalmente, el presidente legal.

Guaidó anunció estar dispuesto a asumir la presidencia de forma interina y… fue detenido. La noticia encendió las redes sociales de la región y el dictador tuvo que liberarlo. El jueves, el mundo libre –excepto México- se opuso a la toma de protesta de Maduro: OEA, Estados Unidos, Europa.

Pero, aún siendo un paría, Maduro se atrevió a aplicar lo de “a ver quién es el que la tiene más grande”: se siente acorralado.

Pues acabó haciendo una demostración de debilidad: pareciera que pasó el tiempo en que podía detener a Leopoldo López sin juicio y podrirlo en las mazmorras, lanzar de un décimo piso a Fernando Albán. Ayer, por primera vez, se echó atrás.

En la persona de Guaidó, de 35 años, puede haber empezado a jugarse la batalla final para que Venezuela recupere la democracia. Un freno al populismo castrochavista, allá, y que le cortaría las alas al que va que vuela, aquí, con el objetivo de formar un bloque internacional.

El gobierno mexicano lo está haciendo por nota: mientras entretiene a las masas con la escasez de gasolina, hizo pasar desapercibido el arranque de sus programas clientelares insignia: Jóvenes Construyendo Futuro y Pensión para Adultos Mayores. Pasado mañana tiene su Guardia Nacional.

En tanto, en Venezuela, Guaidó asumió el 5 de enero la presidencia de la Asamblea Nacional, único organismo estatal bajo control opositor. Pero era un desconocido hasta que el jueves consideró a Maduro gobernante ilegítimo.

¿Soportará el joven Guaidó la presión de ser la esperanza del mundo libre y el asedio de una dictadura despiadada? Un antecesor suyo en el cargo, Julio Borges, se exilió. Leopoldo López y el ex candidato presidencial Capriles lo dejaron por la paz. El ex alcalde de Caracas, Ledezma huyó….

Es difícil enfrentar una dictadura. Pero más aún una como la de Maduro. Sí, como los otros, Guaidó ceja en su empeño, la noche del populismo tendrá para rato en la región, con fuerza propia en el eje Cuba-Venezuela-México y el apoyo de internacional de Rusia, China, Turquía e Irán.

La presión internacional podrá ser férrea, como es hoy. Pero tienen los venezolanos la última palabra: recordar que el populismo les cortó la gran gesta democrática que iniciaron en 1958.

Y están a tiempo para reanudarla.