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Sobre las elecciones del 7 de junio en la Ciudad de México, tengo poco que añadir a lo que escribió anteayer en esta misma página Rafael Pérez Gay (“Ciudad dividida”, 10/5/15).

Los dioses de la democracia han sido severos con los chilangos. Les han recetado un empate político dramático, hijo de la división de la izquierda que gobierna la ciudad desde 1997.

El empate es en realidad un triunfo para Morena cuya captura ha sido sustantiva: cinco delegaciones, la mayoría de la Asamblea capitalina, presupuestos equivalentes a 8 mil millones de pesos y facultad de gobierno sobre 2 millones de capitalinos.

El PRD retiene seis delegaciones con 5.9 millones de habitantes y presupuestos de 13 mil millones. Conserva también la jefatura de Gobierno de la Ciudad, ganada hace tres años por su candidato Miguel Ángel Mancera, con más de 60 por ciento de los votos.

La gran incógnita de este juego es cómo enfrentará su derrota el gobernante capitalino, si agrupará las fuerzas que le quedan y persistirá en su búsqueda, hasta ahora tácita, de una candidatura presidencial para 2018. O si se replegará a administrar el conflicto.

De los propósitos de Morena apenas cabe duda: pondrá toda su ganancia al servicio de las elecciones de 2018, con Ricardo Monreal, ganador de la delegación Cuauhtémoc, como candidato a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia.

Morena es una ola en ascenso y su impulso es propagarse, avanzar. No hay en el panorama una fuerza política con esa certidumbre desbordante de estar en marcha, con el camino abierto hacia 2018.

La batalla electoral por la ciudad ha terminado, pero la batalla política apenas empieza. No augura nada bueno. Traslada a las calles, a los medios y a las instituciones una división política de pronóstico reservado.

Puede anticiparse un pleito serio por los espacios y  los recursos del gobierno local. El campo de batalla capitalino será también un espejo: el perfecto laboratorio de lo que puede esperarse de la fuerza ascendente de Morena en materia de gobierno, competencia y convivencia democrática.

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