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Luis Martínez Fernández del Campo, querido amigo. Covid , q.e.p.d.

Muy poco tardó la Auditoria Superior de la Federación en obedecer la sugerencia del Presidente de corregir sus cifras.

Al día siguiente de la petición presidencial, la ASF hincó la rodilla y dijo haber hecho mal los cálculos sobre el costo de la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Había puesto ese costo en 331 mil 996 millones de pesos, 232 mil millones arriba de la cifra del gobierno.

Ante la sentenciosa sugerencia de corregir (“si son amigos”, corregirán, dijo el Presidente), el Mtro. Agustín Caso Raphael, Auditor Especial de Desempeño de la ASF, emitió un comunicado reconociendo “inconsistencias en la cuantificación realizada”, la cual queda sujeta ahora a una “revisión exhaustiva”.

La corrección no ofrece una nueva cifra, simplemente desmiente la previa. Tampoco desmiente al resto de las auditorías sobre la arbitrariedad en otros gastos del gobierno.

Quedan intactos los veredictos sobre los 67 mil millones de pesos ejercidos en forma irregular, sobre los 43 mil millones de probable daño patrimonial, sobre los malos cálculos del aeropuerto de Santa Lucía, sobre las cifras infladas para hacer rentable el Tren Maya, sobre el desbarajuste de los programas sociales del gobierno, sobre el rechazo de la Secretaría de la Función Pública a ser auditada, y muchos más.

Demasiadas rayas en la piel de un gobierno que se dice honesto como ninguno, y de un presidente que prometió barrer la escalera desde arriba y acabar con la corrupción.

No ha sido el caso, a juzgar por lo que queda sin corrección en los informes de la Auditoría Superior, que solo ha renegado, hasta ahora, de su cifra del aeropuerto.

Lo que queda sin enmienda es suficiente para mostrar los enormes espacios abiertos por este gobierno al desorden, la ineficiencia, las mentiras y la corrupción.

A esto hay que añadir el daño en credibilidad causado por el Presidente a la Auditoria Superior de la Federación al inducirla a desmentirse de tan vergonzosa manera.

Quedan en el aire dudas sobre el rigor y la independencia de la ASF, uno de los bastiones de la vigilancia pública sobre el gasto federal.