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Es una vergüenza que el gobierno le haya dado un cargo en la SEP a Francisco Garduño, quien como director de Migración, nunca pagó por la atrocidad de subordinados que se negaron a abrir los candados de las celdas, donde se quemaron vivos 40 migrantes en Ciudad Juárez.
La misma historia del gobierno pasado, cuando fue promovido a un puesto en Segob Ignacio Ovalle, aunque bajo su dirección en Segalmex desfalcaron 20 mil millones de pesos. Garduño y Ovalle son amigos de López Obrador. El mensaje es claro: para sus amigos, la impunidad es total.
Mario Delgado, a cuyo encargo tiene el Estado mexicano la educación de las nuevas generaciones como secretario de la SEP, no tuvo empacho en calificar a Garduño como “un funvcionario ejemplar”, al darle el puesto de director general del Centro para la la Formación del Trabajo.
Pero Garduño no es funcionario ejemplar. Como titular de Migración fue procesado judicialmente por el incendio en un centro de migrantes en Ciudad Juárez, el 27 de marzo de 2023, cuando se quemaron vivos 40 migrantes, encerrados en celdas, ilegalmente, porque no eran criminales.
Pero la imputación judicial contra Garduño fue una farsa: aún procesado, siguió dirigiendo Migración no sólo hasta el final del mandato de su amigo López Obrador, sino hasta el primer año del gobierno de Sheinbaum, de manera conjunta con Salomón Jara.
El proceso fue una farsa, porque Garduño no fue tocado ni con una sanción administrativa, a pesar de que incumplió su atribución para desempeñar protocolos contra incendios y hacinamientos; y que sabía que la cárcel migratoria de Ciudad Juárez no tenía condiciones para operar.
Sin embargo, su impunidad fue dictada por López Obrador, quien senteció: “Yo considero que Francisco Garduño ha tenido un buen desempeño como comisionado del Instituto Nacional de Migración”. Curó en salud al responsable moral de un crimen.
Sí, igual que a Ovalle, pese al fraude de 20 mil millones de pesos en Segalmex, al asegurar que “Nacho es buena gente, pero lo engañaron unos viejos camajanes priístas”. Y lo mandó a un puesto en Gobernación. Curó en salud a al responsable administrativo de un desfalco a la nación.
Hoy, aun sin López Obrador en la presidencia, su larga mano cubre a Garduño, cuya labor en Migración fue un desastre, con controles laxos de evaluación y de confianza del personal de las estaciones y sin comprobación de perfiles de personalidad, éticos y socioeconómicos.
Era previsible que ocurriera la desgracia de la estación de Ciudad Juárez, donde los subordinados de Garduño dejaron quemarse vivos a 40 migrantes, encerrados en condiciones peores que en campos de concentración: jamás apareció la llave del candado de la celda.
Impunidad absoluta.