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Hace cuatro días: “No se medirá más el PIB”. Ayer: “Sí se medirá el PIB”. En abril: “El cubrebocas tiene nula utilidad”. Ayer: “El uso de cubrebocas será parte de la nueva normalidad”… Puede ser un facilismo pensar que la 4T no tiene idea de nada. Pero sí la tiene.

Porque en eso consiste una parte del éxito del populismo: generar el caos diario con ocurrencias premeditadas, el exacerbamiento del resentimiento y del odio, el señalamiento de chivos expiatorios. Todo, mientras ejecuta y amplia su poder hegemónico.

Y, en eso, la 4T es un ejemplo del librito populista, porque, sí: parece que no tiene idea de nada, la impresión general que es que este gobierno es un desastre, pero a un año de las elecciones intermedias no aparece oposición partidista. Vamos: no existe.

¿Una calamidad? Veamos ejemplos, solo de la semana pasada, que demuestran que quienes nos gobiernan hoy parecieran estar perdidos en un campo de lechugas:

— Propusieron tener acceso a la información bancaria y fiscal de la población y poder verificar el patrimonio inmobiliario y financiero de ésta. Le dieron para atrás al día siguiente.

–Propusieron eliminar el Fondo de Desastres Naturales y el Fondo para Atender a la Población Rural Afectada por Contingencias Climatológicas. Le dieron para atrás al día siguiente.

–Propusieron desaparecer el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine, que apoya con dinero a las películas mexicanas de corte comercial. Le dieron para atrás al día siguiente.

Y, antes, propusieron controlar los recursos, pensiones, rendimientos y montos de jubilación de los trabajadores, que hoy se encuentran en las Administradoras de Fondos para el Retiro, mejor conocidas como Afores. También le dieron para atrás.

¿Fracasaron en su desbarajuste? No. Al contrario: colocaron cuatro piedritas de la ejecución y ampliación del poder hegemónico que van a terminar de construir tras las elecciones intermedias, ante la nula oposición partidista que enfrentan.

Porque es un cuento de caminos que esas ideas salen de la cabeza de los absolutamente desconocidos e inexpertos legisladores de Morena que las proponen: en un gobierno hegemónico nadie se manda solo. Y si un gobierno es hegemónico, es este.

Para más, la oposición que enfrenta es la de alguna prensa (un error grave, pues la prensa no puede ocupar el papel de los partidos), de un sector de Twitter y de cadenas de WhatsApp (lo cual es una maravilla para el gobierno: oposición por el teléfono).

Aun año de las elecciones más importantes de la historia (se renovará casi todo menos la Presidencia), la oposición no está en la calle, convenciendo a la gente de que puede existir otra vía política para México. Es en la calle donde se gana.

Como ganó la 4T.