El deja vú de la 4T inició hace meses el juego que apasiona a todos los mexicanos, el juego de adivinar, como en el siglo pasado, quién ganará la candidatura presidencial, por si hay manera de subirse desde ahora al tren del triunfo.

Más que “el gran proyecto”, a casi todos los militantes de Morena y a muchos no militantes importa no estar del lado equivocado a la hora de que, como en los tiempos descritos por Luis Spota en sus novelas, de Palacio salgan “las palabras mayores”.

Palacio calla ante los pleitos, útiles distractores. Quizá, como dicen, todo esté decidido. El presidente no dará color. ¿Por qué sacrificar el inmenso placer y poder de tener a todos atentos a sus gestos y sus palabras cada palabra durante 18 meses?

¿Todo esto debo coordinar? Dijo Fox

Al llegar a Los Pinos, al presidente Vicente Fox le mostraron un inmenso organigrama del gobierno federal, con secretarías, paraestatales, descentralizadas y desconcentradas. ¿Todo esto debo coordinar? Preguntó azorado.

En su cuarto año de gobierno, uno no se imagina al presidente Andrés Manuel López Obrador con tal azoro, a pesar de que ayer dio la impresión de que en sus afanes político-electorales —Urzúa dixit—, empieza a dejar cabos sueltos.

Sólo así se entiende que diga que no sabía de la norma publicada por la Secretaría de Economía para vehículos con más de 4 años de antigüedad y que “no quiere que bolseen a los ciudadanos”. ¿De cuántas cosas más no se ha enterado?

¿Rechinan las costuras presupuestales?

A pesar del éxito recaudatorio del SAT y de condiciones favorables en el mercado energético, hay indicios de que, si no amaina la turbulencia financiera que desde afuera ha llegado a México, se estaría llegando a límites presupuestales.

Empiezan a multiplicarse los obligados egresos para atender situaciones que podrían ser políticamente riesgosas, pero al mismo tiempo se reducen ingresos que, a la larga, presionarán a las finanzas públicas, tan ordenadas hasta ahora.

Faltaría que en los dos años finales del sexenio, para evitar problemas más graves, se tuviera que hacer alguna suerte de reforma fiscal, a pesar de la reticencia presidencial.

Notas en remolino

Para muchos, legos en asuntos de alta política internacional, empieza a parecer riesgoso el juego de Palacio Nacional de forzar a la Casa Blanca a pedirle asista a la Cumbre de las Américas. Si le preguntaran a Luis Echeverría, les diría que los jefes de Estado no olvidan esos desaires… Es cierto, el estilo de la casa es a rijosidad, pero hay muchos de Morena que salivan por meter la mano y agitar en la UNAM. Todos sabremos si empiezan a desestabilizar. Nadie ni el gobierno sabe en que terminan estas situaciones… Aunque Palacio no lo pueda decir. La única ayuda que Cuba acepta, hoy, igual que antes, es hard cash, como el pago por los servicios de los médicos cubanos… Morena convoca a todo el gabinete a que hagan campaña en las elecciones estatales… “La soberbia nunca baja de donde subió, porque siempre cae de donde subió”, nos dice la sabia voz de Francisco de Quevedo…