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La nota de la inflación de la primera quincena de septiembre solía ser el impacto que en la medición general tenía el aumento de las colegiaturas. El inicio del ciclo escolar suele ir acompañado de los incrementos en los costos de la educación.

Pero la pandemia también ha cambiado eso, al menos durante este año. Y es que está claro que, sin alumnos en las escuelas durante los últimos seis meses, sería un suicidio comercial que las instituciones privadas aumentaran drásticamente sus colegiaturas.

De hecho, no son pocas las escuelas que han optado por reducciones en los pagos o, al menos, en mantener sin cambios las colegiaturas del año pasado.

Sin embargo, con todo y que el subíndice de educación muestra un nivel anualizado de apenas 2.17%, el Índice Nacional de Precios al Consumidor está fuera del rango de lo que el Banco de México considera como aceptable.

Es cierto que, en la comparación contra años anteriores, la inflación de la primera quincena de septiembre es la más baja en una década, pero también es un hecho que las medidas sanitarias adoptadas por la pandemia de la Covid-19 muestran un comportamiento diferente del consumo en los hogares.

Los productos básicos alimenticios y bebidas no alcohólicas muestran una inflación anualizada de 7.64 por ciento. Hay que conocer si esta presión en los precios se debe a una baja en la oferta, derivada de la interrupción de algunas cadenas productivas, o bien que la disponibilidad de recursos no destinados a otros objetos de gasto ha presionado esos precios.

Pero el rubro que muestra mayores presiones en sus precios, sin estar dentro de los productos esenciales, son las bebidas alcohólicas y los tabacos. Esto, además de una presión inflacionaria, constituye un tema sociológico y de salud.

Hay alguna presión en el subíndice de salud, quizá relacionado con la compra de artículos relacionados con la pandemia. Y hay otros destinos de consumo que han subido sus precios por arriba de la meta de 3%, quizá como una forma de compensar la tan escasa demanda, básicamente en un intento desesperado de supervivencia.

Los servicios, mientras tanto, mantienen una inflación baja ante la realidad de que la pandemia mantiene la sana distancia con esta actividad terciaria.

La canasta básica también está fuera de rango, con 4.40% de inflación anual y el propio Banco de México hace notar que se dio un incremento en el precio de los energéticos.

Como sea, la Junta de Gobierno del banco central encontró espacio para recetar una nueva baja a la tasa interbancaria. Un cuarto de punto menos, en lo que podría ser la última reducción del año.

Sobre todo, porque el propio banco central, en su comunicado de decisión de política monetaria, dice que el balance de riesgos para la trayectoria esperada de la inflación se mantiene incierto.

Y mantener la inflación a raya es la tarea básica del Banco de México.