Infidelidad sexual


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Rubén CortésCanela fina

Sin embargo, mientras los ayatolas redactan los estatutos de cómo debemos comportarnos, es de festejar la resolución de la Corte

Se trata de un chorro de luz en estos tiempos en que se nos viene encima una Constitución Moral: la Suprema Corte de Justicia resolvió ayer que la infidelidad sexual en el matrimonio no puede ser considerada un hecho ilícito que resulte en una condena por daño moral.

Se trata de un chorro de luz en estos tiempos en que se nos viene encima una Constitución Moral: la Suprema Corte de Justicia resolvió el 31 de octubre pasado que cualquier ciudadano puede obtener un permiso del gobierno para consumir mariguana por puro placer.

Y, antier, Cofepris quitó la prohibición de venta a 38 productos hechos con mariguana que ya pueden ser comprados sin receta médica. Linda noticia para unos 28 millones de mexicanos que experimentan algún tipo de dolor que se mitiga con productos fabricados con mariguana.

Sin embargo, en paralelo avanza de manera galopante la elaboración de la Constitución Moral que el Presidente electo anunció con toda intención durante su toma de protesta como candidato del evangelista Partido Encuentro Social.

Aquel día, el a la postre ganador de las elecciones, hasta citó el Nuevo Testamento: “Cristo es amor”. Y prometió trabajar con los evangelistas para conseguir la felicidad de todos los mexicanos, aun cuando nadie esté obligado a hacer felices a los demás.

Francisco Garfias publicó ayer que en el entorno del presidente electo aseguran que éste usa la referencia bíblica a Edith, mujer de Lot, que se convirtió en estatua de sal por desobedecer el mandato de Dios de no voltear a ver la destrucción de Sodoma.

¿Que México es un Estado laico? ¿Que un gobierno no tiene que decirle a uno si tiene que ser feliz? ¿Que un gobierno no puede introducirse en un núcleo familiar o social? ¿Que no hay una, sino muchas morales? ¿Que eso suena a teocracia? ¿Bueno, y qué? Van a elaborar la Constitución Moral.

Sin embargo, mientras los ayatolas redactan los estatutos de cómo debemos comportarnos, es de festejar la resolución de la Corte y se considere que la infidelidad sexual en el matrimonio es parte del derecho al libre desarrollo de la personalidad de cada quien y no tiene castigo legal.

Porque marido y mujer son dueños de sus cuerpos y tienen libre albedrío para ser utilizado como mejor les parezca. Qué maravilla, teniendo en cuenta que hay tres hechos que el libre albedrío de los hombres no puede cambiar: el nacimiento, la muerte y el amor.

Sandor Marai lo explica en La Gaviota (Editorial Salamandra): “Estos tres hechos son más poderosos que cualquier fuerza y voluntad humanas. Porque hay personas arrastradas en el espacio una hacia la otra por una única ola, que no pueden evitar encontrarse”.

Entonces ¡salud por tener una Corte liberal!

Todavía.