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Imposible, anticipar los cauces que tomará en los meses y años que vienen la marea de candidatos independientes. Hay un territorio claro a conquistar, esbozado en las mayorías ciudadanas (más de 50 por ciento) que dicen en las encuestas, como al pasar, que votarían por un independiente.

Otras encuestas, que preguntan por la intención de voto poniendo candidatos posibles, dan fijo un 9 por ciento de intención para un hipotético independiente, sean quienes sean los otros contendientes: un voto ciego.

Esta última cifra, más que la primera, debería inducir en los candidatos independientes la reflexión sobre la conveniencia de que no haya varios, sino solo un candidato presidencial independiente.

Un candidato presidencial único saldría a la contienda con un piso fijo de 9 por ciento, densidad de arranque que solo tres partidos podrían garantizar.

La salida de varios candidatos independientes a disputarse ese 9 por ciento sería catastrófica para todos ellos. Se cumpliría en esto un dicho que recuerdo de Jesús Reyes Heroles a propósito de los diarios mexicanos: “Entre más sean, menos serán”.

Lo mismo puede decirse para los candidatos independientes en cada una de las otras posiciones que estarán en disputa los años que vienen: gubernaturas, alcaldías, senadurías, diputaciones federales y locales.

La marea de independientes debe anegar todos los terrenos, estar presente en las elecciones de todos los niveles, pero bajo el mismo supuesto de la candidatura presidencial: un solo candidato independiente para cada puesto de elección en disputa. Deben ser muchos, pelear todas las casillas en disputa, pero presentarse solo uno en cada una.

Un candidato independiente en cada opción electoral dará a la marea independiente la calidad de un tsunami.

Por tanto, lo fundamental para los independientes es empezar a construir no solo una agenda común, sino, sobre todo, un método para escogerse entre sí cuando tengan aspiraciones concurrentes.

La mayor debilidad de los independientes aparece hoy como su virtud mayor: no forman un partido, no tienen cómo elegir sus candidatos.

Tendrán que inventar, confluir, pelearse y encontrar acuerdos en el camino. Tendrán también que fracasar, y aprender de los fracasos.

Para todo esto, hay un rico laboratorio de elecciones adelante.

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