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Nada de lo que haga el actual gobierno en materia económica va a gustar a los tecnócratas y eso lo sabe muy bien el presidente Andrés Manuel López Obrador.

No sólo lo tiene claro, sino que es parte de la estrategia de polarizar y de encontrar esas líneas discursivas que mantengan viva la aprobación del número suficiente de electores que los mantengan en el poder.

Cuando determinados sectores sociales, entre ellos los empresarios o los analistas, escuchan aquello de que el propio presidente prepara un “índice alternativo” a la medición del Producto Interno Bruto (PIB) para incluir el bienestar y la felicidad, no puede haber otra reacción que la incredulidad y la indignación.

Es evidente que los temas económicos no son el fuerte del presidente, lo ha mostrado en cada texto publicado y resulta claro que ese índice que genere la 4T puede resultar hasta peligroso para la estabilidad económico-financiera del país si se usa como el referente.

Si el indicador de la felicidad y la economía que se plantea sirve de base para elaborar el Paquete Económico, entonces sí habría problemas.

Por eso, cada vez que el presidente sale con un planteamiento de este tipo lo que hay que voltear a ver son los reportes de finanzas públicas de la Secretaría de Hacienda, las iniciativas que procese el Congreso y los decretos que se publiquen en el Diario Oficial. Ahí es donde se gestan los verdaderos golpes a la vida económica del país. No en el discurso mañanero.

El Presidente puede emitir todos los índices de felicidad que él considere prudente, elaborados con su personalísima lectura del coeficiente de Gini, porque además nadie en este país le va a impedir a López Obrador hacer campaña electoral permanente desde la tribuna presidencial.

Pero mientras esos indicadores de la 4T no afecten la toma de decisiones financieras importantes, como la elaboración de los criterios económicos anuales, los niveles de deuda o agraven los desequilibrios fiscales, habrá que vivir con esa forma de hacer política.

De poco sirve que los que le entienden a los temas económicos se expliquen entre ellos mismos la importancia de las mediciones económicas profesionales. El propio López Obrador lo dice cada vez que puede: el pueblo bueno cree en sus palabras, en sus estrategias y en sus índices como lo muestran las encuestas.

Los índices alternativos de la 4T son la forma elegida por este gobierno para tratar de esconder el enorme fracaso económico de su administración. En su momento, serán la forma de traspasar la responsabilidad a alguien más de la inevitable elevación de la pobreza, el desempleo y la falta de bienestar que se anticipa que por largo tiempo se agravará en este país.

Para no tener punto de comparación con las mejores épocas económicas de los gobiernos anteriores, incorporará variables en los indicadores que invente que siempre ubiquen a la 4T en una superioridad moral subjetiva.

Si no tiene oportunidad de explicarle la realidad a alguien que crea en esos índices de la 4T, no se desgaste. Todo esto no tiene que ver con la econometría, sino con una campaña electoral permanente.