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La pobreza laboral afecta de forma desproporcionada a las mujeres; en todas las entidades hay más mujeres que hombres en esta situación
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Poncho de Nigris vincula las amenazas con la reciente liberación de su exsuegra, vinculada al secuestro del esposo de Gloria Trevi
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El gobierno de Sinaloa afirmó que trabaja con la Federación para asegurar condiciones favorables a los productores
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El gerente general de los San Francisco 49ers, dijo que la NFL ayudará al equipo con la carga de viajes que tendrán en la temporada 2026

Hace unos días, navegando por Internet, me topé con un video promocional de una plataforma de inteligencia artificial. La trama era simple: una joven, angustiada, entra a la oficina y le pregunta a una compañera si ya hizo unos cálculos, un informe y una presentación. La compañera responde: “Sí, me tomó menos de cinco minutos —usé inteligencia artificial”.

Lo que me inquietó no fue la eficiencia que mostraban, sino lo que omitían: la escena vendía una varita mágica donde solo hay herramientas. La IA puede acelerar procesos, pero no opera en el vacío; depende de quién la use, cómo se la alimente y qué objetivos se le impongan. Pedirle a una máquina lo que queremos no es lo mismo que saber pedirlo bien.

IA, ¿herramienta o una varita mágica? - ia-miguel-camacho-682x1024

Les hemos puesto a las máquinas un manto de pensamiento que no les pertenece. Alan Turing lo puso en palabras en 1950: “La cuestión no es si las máquinas pueden pensar, sino si los humanos lo hacemos”. Setenta y cinco años después, esa observación nos pega más fuerte: la pregunta real es cuánto entendemos nuestras propias preguntas.

La IA dejó de ser un experimento: está en la oficina, en la escuela, en la banca, en la salud. Nos obliga a aprender, a reaprender y a domarla—no a ser domados—. El Foro Económico Mundial proyecta que para 2025 unos 85 millones de empleos podrían verse desplazados por la automatización, pero que surgirán 97 millones en nuevas áreas. No se trata de un verdugo: es un reordenamiento.

Mi inquietud va por otro lado: que la dependencia apague el toque humano. La creatividad no vive únicamente en algoritmos; vive en equivocarse, en la duda, en la ética y en el contexto. La IA es un espejo: refleja nuestras prioridades, prejuicios y estrecheces. Si la entrenamos para maximizar ganancias a cualquier costo, hará. Si la usamos para ampliar derechos y cuidados, eso también devolverá.

La pregunta clave es sencilla y dura: ¿qué vamos a hacer nosotros con la IA? ¿La vamos a someter a indicadores cortoplacistas o la pondremos al servicio de justicia social, educación, salud y trabajo decente? No es un debate técnico: es un debate político y moral.

En el tintero

Tras oír al secretario de Hacienda sobre el presupuesto 2026, me convencí que urge reestructurar Pemex y rediseñar los programas sociales para que lleguen a quienes realmente los necesitan.

Vinculan a proceso al líder de La Barredora. La incógnita es si cantará lo que muchos esperan.dudas

Clara Brugada enfrenta críticas por organizar un comité de donaciones tras la explosión de una pipa en el Puente de la Concordia, Iztapalapa. Las dudas sobre controles y transparencia son razonables.

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