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Celebramos ayer, 21 de marzo, el natalicio de Benito Juárez, el presidente preferido de la historia presidencial de México y del actual Presidente. La historia del prócer es menos contundente que el mito. Tiene rasgos sacrílegos para la modalidad actual de su culto.

Empezando por esto: el presidente que estableció como fecha de celebración de Juárez su nacimiento, en lugar del de su muerte, fue Porfirio Díaz, uno de los presidentes más malqueridos de la historia presidencial y uno de los grandes creadores de los rituales patrios. Entre ellos, el Grito del 15 de septiembre y la posteridad de Juárez, presidente no muy querido por sus contemporáneos.

La muerte inesperada de Juárez, que se cuidó muy bien de revelar a nadie su mal estado de salud, diluyó los enconos en su contra en el lamento público de su partida.

Fue la primera posteridad de Juárez: la del rito funerario. Cada año se conmemoraba su memoria como una pérdida, no como una presencia. Era la celebración del mártir.

La segunda posteridad de Juárez fue construida mediante un giro de genio simbólico. A partir del año 1891, por inducción de Porfirio Díaz, dejó de conmemorarse la muerte del hoy Benemérito y empezó a celebrarse su nacimiento: ya no su pérdida, su ausencia, sino su legado, su presencia.

Fue la posteridad del héroe cívico que dura hasta hoy, la del conductor político que mantuvo en sus riendas la integridad de la República. Del proceso de construcción de aquel héroe cívico nació su monumento: el hemiciclo a Juárez, que irradia hasta hoy.

Discutiendo cómo debía ser el hemiciclo, hubo la propuesta de dedicarlo a Juárez el “indio sublime”, el vencedor de sus adversidades raciales. Se sugirieron para el monumento motivos prehispánicos.

El instinto simbólico de Porfirio eligió mejor: optó por el héroe cívico universal, un héroe a la vez clásico y moderno, enmarcado en columnas de mármol, a la francesa, como está hoy todavía, precisamente en la avenida Juárez.

El Juárez que recordamos en su nacimiento nació durante la presidencia de Porfirio Díaz Todo esto puede leerse con deleite y provecho en el libro de Rebeca Villalobos El culto a Juárez. La construcción retórica del héroe, 1872-1972. (Ed Grano de Sal, 2020).