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Los vaivenes simbólicos de la lucha política mexicana del siglo XIX inventaron a Hidalgo como indesafiable Padre de la Patria.

Primero, como autor de la Independencia, que no logró.

Luego, como precursor de la República, en la que no pensaba precisamente cuando se rebeló gritando por el monarca Fernando VII.

Luego, como profeta de la causa liberal, él quien se rebeló gritando: “Religión y fueros”.

Luego, a la hora de la guerra contra la Intervención y el Imperio, fue reivindicado como el patriota violento que necesitaba la nación en riesgo.

Lo mismo que el Cid, Hidalgo ganó batallas que no dio en vida. Su nombre fue bautizando plazas, pueblos y aun estados nuevos de la República.

Triunfante la República sobre el Imperio, Ignacio Manuel Altamirano dio con la siguiente renovación simbólica del ya invencible Cura de Dolores.

En dos discursos de Altamirano, dice O’Gorman, “le llegó a Hidalgo su consagración más alta como divinidad rectora de la patria”, su condición final de “ídolo”.

“Cargado el acento geriátrico“, escribe O’Gorman, “y enterrado el mensaje de odio, vemos ascender a Hidalgo, entre guirnaldas e incienso, a los altares cívicos de la advocación del Divino anciano”.

Escribió Altamirano: “Fue su mocedad entrega a la ciencia y a la belleza. Cautivó en la madurez el campo y la artesanía, y tocado de la mano del destino, ya anciano, engendró a la patria con su inmenso amor de ciudadano, legislador y mártir”.

“Solo con idolatría”, concluye Altamirano, “se paga a Hidalgo”.

Idolatría es la que siguió y sigue hasta ahora. Pero le faltaba a Hidalgo el rasgo que necesitaba para seguir su curso de héroe inexorable rumbo al siglo XX.

Fue el rasgo que le puso Justo Sierra al decir, en las postrimerías del Porfiriato, que lo importante de Hidalgo era que su revolución había sido “eminentemente social”.

Finaliza O’Gorman: “Ya algo de eso se había dicho, pero no así, ni en momento tan preñado, como que ya estaba en puertas la revolución maderista. He aquí el germen del nuevo Hidalgo, el de nuestros días, el profético precursor del programa revolucionario”: el inspirador de la Revolución mexicana.

(Edmundo O Gorman: “Hidalgo en la historia”, Nexos, septiembre 14, 2018).