Morena: la mayoría fabricada

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Héctor Aguilar CamínDía con día

Como toda historia que se respete, la de la fabricación de mayorías inconstitucionales tiene antecedentes. Como en la historia de tantas trampas políticas mexicanas, la historia de esta trampa empieza en el PRI

Una de las ilegalidades rampantes de la vida pública mexicana es la mayoría inconstitucional que ostenta en la Cámara de Diputados la coalición de partidos gobernantes, con Morena a la cabeza.

La coalición que gobierna tiene en esa Cámara una sobrerrepresentación de 18 por ciento, es decir, 18 por ciento más escaños que los que los votos le concedieron en las urnas. La coalición Juntos Haremos Historia (Morena, PT y PES) obtuvo en las urnas 43.6 por ciento de los votos, pero a la hora de sentarse en la Cámara tenía 61.6 por ciento de los escaños.

¿Cómo pudo lograrse esta multiplicación de los escaños por encima de la Constitución? Esta es la fascinante y deprimente historia que Nicolás Medina Mora Pérez ha reconstruido y contado en las páginas de Nexos: “Fabricando mayorías”: (ver aquí).

Como toda historia que se respete, la de la fabricación de mayorías inconstitucionales tiene antecedentes. Como en la historia de tantas trampas políticas mexicanas, la historia de esta trampa empieza en el PRI.

Fue el PRI quien descubrió cómo crecer sus diputados por encima de sus votos en la elección de 2012, y en la elección de 2015, cuando se llevaron al morral varios diputados extras.

Nadie protestó mejor que Morena por aquellas trampas. Nadie tampoco las copió tan bien como Morena, quien se sirvió en las elecciones de 2018 con 39 diputados más venidos del uso de aquella trampa original del PRI.

¿En qué consiste la trampa? En que un partido dominante pone candidatos suyos, que van a ganar con sus votos, como candidatos de partidos pequeños, para que los triunfos por mayoría del partido grande no se le acumulen de más, y el partido grande pueda tener un mayor reparto de diputados plurinominales.

Concluye Nicolás Medina: “La mayoría que Morena obtuvo en 2018 fue el producto de la explotación de ciertas áreas grises de la ley electoral que durante años permitieron a las coaliciones de partidos violar la Constitución. El resultado es que el Poder Legislativo, que debería ser un contrapeso al Ejecutivo, está en manos de un grupo político cuya victoria en las urnas fue en realidad bastante menos contundente de lo que nos hemos acostumbrado a pensar”.

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