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México ha dejado claro en estos días de diplomacia y fiestas patrias que comparte la tentación china de algunos países de América Latina. La tentación china de esos países es pensar que China puede ser un socio alternativo a la tradicional hegemonía estadunidense y que nuestras naciones podrían beneficiarse de esa alternativa.

Se han beneficiado ya, no hay duda, porque durante este siglo China ha sido gran compradora de materias primas latinoamericanas.

En esto, para algunos de nuestros países (Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay, Chile), China ha resultado un comprador mejor que Estados Unidos.

China es también una potencia en crecimiento que incursiona en el continente ofreciendo sus plataformas tecnológicas.

Todo esto hace atractiva a China para algunos países de América Latina, incluso si no tienen afinidades ideológicas con ella. Chile, por ejemplo, que vende la tercera parte de su cobre a China. Pero no es el caso de México.

El vínculo estratégico de México con Estados Unidos y Canadá hace que la buena opción mexicana no sea buscar aliarse con China como potencia equilibradora, sino competir con China, para ver si puede quedarse con parte del mercado que China tiene en América del Norte.

No habría nada nuevo en esta rivalidad, me dice Luis de la Calle, conocedor si alguno del problema. Desde el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio, en el año 2000, el gran rival de China ha sido México, por una sencilla razón: lo que China iba a traer al mundo eran mercancías de industria ligera que competían con las mexicanas.

México exigió aranceles especiales para productos chinos alegando precios artificialmente bajos (dumping) hasta el año 2012.

Aún así, perdió mucho de su mercado norteamericano ante las mercancías chinas. Hoy que Washington quiere retirar inversión estadunidense de China, México podría captarla y ganar al menos parte de la tajada comercial china en el mercado norteamericano.

Para ello tendría que hacer lo contrario de lo que parece estar haciendo: no ver a China como un aliado posible contra EU, sino ver a EU como un aliado contra China en el mercado norteamericano.

¿Qué tendría que hacer México? Cambiar 180 grados el sentido de su tentación china.