Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La batalla campal del Presidente

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Héctor Aguilar CamínDía con día

Solo hemos visto la primera parte de la ecuación. La segunda parece destinada a no cumplirse, porque el tiempo pasa y los cambios no llegan

El presidente López Obrador sigue concentrando poder, asunto que es a un tiempo su obsesión personal y el fondo de su proyecto: concentrar el poder para transformar a la sociedad.

Solo hemos visto la primera parte de la ecuación. La segunda parece destinada a no cumplirse, porque el tiempo pasa y los cambios no llegan.

Se acortan las fechas de cumplimiento de las grandes promesas de hace tres años. Pero no aparecen las cosas prometidas: ni el fin de la violencia, ni el fin de la corrupción, ni el crecimiento de la economía, ni el bienestar de los más pobres.

La pandemia desnudó el desastre del cambio inducido en el sistema de salud. El Presidente ha dado la espalda a las mujeres. Y, en materia de cambio climático, al mundo.

Cada mañana, solitario ante el micrófono de su conferencia mañanera, el Presidente libra una batalla contra el tiempo. Es una batalla de corto plazo: quiere ganar las elecciones de junio. Su inquietud es visible, y entendible.

​Tiene más poder que nunca, pero tiene mucho menos aprobación que cuando empezó su mandato. Y su gobierno está reprobado en sus logros.

Lo dicen las encuestas, pero lo dice también el ansioso discurso presidencial.

Ha perdido todo respeto por las formas y por la legalidad, dispara contra lo que le estorba, sea la Constitución, sea el INE, sea la prensa, sean los opositores. Parece estar peleando por su vida más que yendo a unas elecciones que ratificarán su victoria de 2018.

Parece saber que no ganará si no doblega al árbitro electoral, si no mete a la cárcel a políticos de antes, si no muestra su mando sobre el Congreso y sobre la Corte, si no cobra en las urnas sus programas sociales.

Ha crecido el poder del Presidente, pero no ha crecido el entusiasmo que su llegada al poder despertó. La promesa de aquel triunfo se ha diluido; el entusiasmo y la esperanza también. Ha desengañado a muchos entusiastas, pero no ha entusiasmado a ningún desengañado.

Queda en el escenario un Presidente sin resultados, peleando para ganar en junio, en una batalla campal, los votos que ganó hace tres años en un paseo de campo.

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