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El triunfo más importante del 6 de junio para el futuro democrático de México fue el del Instituto Nacional Electoral.

En medio de la tormenta política desatada contra esa institución por el Presidente de México, y por dirigentes y candidatos de Morena; en medio de la ominosa sombra de homicidios, secuestros y amenazas contra candidatos, precandidatos y simples aspirantes a ser elegidos; en medio de la certidumbre pública de que la elección sería solo el pretexto de una poselección interminable de litigios, el Instituto Nacional Electoral hizo su tarea, organizó la elección, instaló 162 mil casillas en todos los puntos del territorio nacional, convocó, capacitó y guio a un millón 400 mil ciudadanos que acudieron voluntariamente, sin paga, a ser funcionarios de casilla, para recibir, contar y apuntar los votos en una increíble cantidad de actas, luego de una increíble cantidad de sumas, con una increíble cantidad de copias para la institución y los partidos.

Presidí una casilla en la San Miguel Chapultepec, acompañado por vecinos con estudios universitarios y una alegre disposición a trabajar ininterrumpidamente, de las 7:30 de la mañana en que abrimos la casilla, hasta las 12:30 de la noche, en que la cerramos.

El trabajo fue intenso, divertido y solidario, pero debo decir que, a la hora de registrar los resultados en las interminables actas que dije, no habríamos podido cruzar el laberinto si no hubieran estado ahí, diciendo paso por paso lo que había que hacer, Aime y Julio, nuestros instructores y contactos del INE.

De modo que fue el INE, a través de Aime y Julio, quien guio la mano de Magdalena, Marco Antonio (secretarios), Mauricio, Marina y María José (escrutadores) para cumplir la tarea.

Esa misma guía precisa de lo que debían hacer las manos estaba sucediendo esa misma noche del domingo 6 de junio en 162 mil casillas de todo el país. A las 11 de la noche, el INE entregó los primeros resultados de la gigantesca elección.

Contra todos los pronósticos, esa noche los contendientes reconocieron las cuentas del INE y se disolvió en el aire el fantasma de la barahúnda poselectoral. Fue un triunfo del INE, de los ciudadanos, de la democracia que cuenta los votos. Un triunfo de todos.