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Dos palabras, crípticas para legos pero fáciles de comprender por avezados en préstamos y cobranzas, factoraje inverso, explican por qué el Banco Interamericano de Desarrollo y su corporación de inversiones (BID Invest) no requiere de garante alguno para acordar con el Consejo Mexicano de Negocios otorgar hasta 12 mil millones de dólares en créditos que permitirán la sobrevivencia de unas 30 mil micro, pequeñas y medianas empresas paralizadas a causa de la pandemia.

Quieren decir: “Te presto, pero tus cuentas por cobrar las administro yo”.

O sea que de ninguna manera el gobierno mexicano es aval, fiador, o garante de nada ni cosa remotamente parecida en la inaudita operación, equivalente a lo que el BID, a partir de 1986, ha prestado a la iniciativa privada en toda América Latina (12 mil 88 millones de dólares).

El papel del gobierno de la 4T, a través de la Secretaría de Hacienda, fue medular porque no se opuso (faltaba más) y su anuencia se explica porque México es accionista del banco en su división Invest: a diciembre de 2019 había aportado 155 millones de dólares. La importancia y alcances del acuerdo lo entienden bien los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía, quienes el domingo se congratularon de la noticia y Tomás Bermúdez, representante del BID en México, recordó que se dialogó con Hacienda y en el documento crediticio está clara la frase: “Sin garantía gubernamental”.

Lo bochornoso es que el presidente de la República se mostrara desconocedor de lo acordado, al grado de preguntar ayer en su mañanera: “¿Cómo que se hace un acuerdo y que ahora Hacienda lo avale? Y qué, ¿nosotros estamos aquí de floreros, de adorno…?”. Y soltar: “No me gusta mucho el modito de que se pongan de acuerdo y quieran imponernos sus planes”.

Pero lo cierto es que no se le quiso imponer nada, únicamente se enteró de un hecho consumado entre un banco y particulares.

Alguien debiera decirle que al término de la II Guerra Mundial se fundaron el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, mejor conocido como Banco Mundial, y el Fondo Monetario Internacional. Con sus aportaciones, los dueños (accionistas) del BM son los gobiernos del mundo. Les dicen gobernadores, y el nuestro es el secretario de Hacienda, quien asiste a las reuniones o, en su defecto, el subgobernador, que es el gobernador del Banco de México.

El FMI hace recomendaciones de políticas económicas a los gobiernos, mismas que de aceptarse son financiadas por el Banco Mundial.

Cuando comenzaron a demandarse créditos para la recuperación, se crearon bancos regionales como el Interamericano de Desarrollo, cuyo condicionamiento central (en realidad del Mundial) es no regalar el dinero de contribuyentes (recurso fiscal).

El BID tiene socios externos de naciones ricas (EU, Japón, Corea del Sur…) y con Invest presta, exclusivamente, al sector privado.

Caray, no era para tanto pero, aclarado ya el entuerto, AMLO debiera, gozoso, sumarse a la celebración.