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No, no hay ningún complot en contra de la 4T en el hecho de que hoy muchas mujeres en este país hayan decidido modificar sus rutinas y no participar en la vida económica cotidiana. Las que decidieron hacer otras actividades no están necesariamente en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador y las que optaron por hacer su vida cotidiana tampoco obligatoriamente respaldan a este gobierno.

Poco ayuda a la solución de los problemas de género que padece este país esa visión paranoica de blancos y negros desde el poder con un enfoque siempre político-electoral.

Tampoco ayuda mucho cerrar los ojos ante los enormes retos que hoy enfrenta la economía mexicana, a través de trivializar las claras señales negativas que se acumulan.

De entrada, ese “indicador de éxito económico” en el que la 4T había convertido la paridad peso-dólar hoy deja ver la realidad de esta variable. El peso es fuerte en épocas estables, porque los inversionistas encuentran en el mercado mexicano buenos rendimientos en comparación con las tasas de interés estadounidenses.

Pero en épocas turbulentas, como la actual, el peso mexicano no es un refugio confiable para los capitales. Es un buen parque de diversiones para ganar enormes premios, pero cuando llueve, todos a correr.

Los dólares a más de 20 pesos deberían hacer pensar mejor al gobierno si el mercado cambiario es su gran trofeo económico sexenal. Pero también deben poner mucha atención en otros indicadores financieros internacionales, como el precio del petróleo y otros tantos índices seriamente afectados en el mundo por el impacto del coronavirus Covid-19.

Son signos que adelantan una debilidad económica global, que se suman a la debilidad de la economía mexicana que lleva varios meses arrastrando.

Y es que el viernes, junto con el desplome de la cotización del peso frente al dólar, conocíamos un par de datos nada buenos de la economía mexicana.

El primero, la caída de la Inversión Fija Bruta durante el 2019 en 3.5% real en términos anuales, junto con la confirmación de que durante el duodécimo mes del año mantuvo su tendencia de acelerada baja.

Y el segundo dato fue el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior, que mostró una baja mensual de -0.4% ¡durante diciembre! Suele ser el mes más dinámico en el mercado interno mexicano.

Entonces, tenemos indicadores de baja en la confianza, en la inversión, en el consumo y ni hablar de la depresión en el sector industrial. A estos focos rojos del comportamiento económico interno, se suman ahora focos entre amarillo y rojo de los indicadores financieros, como consecuencia de la turbulencia mundial.

Debería estar el propio presidente López Obrador mandando mensajes de certeza a los mercados sobre la responsabilidad del manejo financiero mexicano.

Debería ya la Secretaría de Hacienda enviar los primeros gestos de responsabilidad fiscal y anunciar en muy poco tiempo un plan de ajuste a sus variables económicas, a sus estimados de ingreso y gasto.

Que no quede duda de que el impacto financiero y económico del Covid-19 va a afectar a México y que encuentra a la economía debilitada y enferma. Por lo tanto, hace falta que desde el gobierno terminen con la negación de los problemas, sean de violencia de género o de orden económico.