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Cuando hace un año conocíamos el resultado del Producto Interno Bruto (PIB) del 2023 algunos funcionarios de la Secretaría de Hacienda de entonces se vanagloriaban de haber acertado en sus pronósticos y criticaban a los analistas por sus proyecciones pesimistas.

Ya encarrerados, adelantaban lo mal que estarían todos los analistas al pronosticar que durante el 2024 la economía mexicana crecería menos de 2.6% que estimaba Hacienda.

Y cómo no, si por órdenes presidenciales, se había desbocado el gasto público de una forma irresponsable con fines electorales, lo menos que esperaban era que tuviera algún impacto en el crecimiento.

Veían la posibilidad de una inercia en el crecimiento que podría encontrar respaldo en el dinero público gastado a manos llenas.

Sin embargo, las obras de infraestructura de López Obrador siguen deficitarias y difícilmente la mayoría tendrá en algún momento un aporte positivo para la expansión económica.

El gasto asistencial no encadena crecimiento y si bien el dispendio consiguió los resultados electorales esperados, la herencia económica sólo fue un gran desequilibrio fiscal.

Si la primera mitad del año pasado fue de un gasto desenfrenado y poco productivo, el segundo semestre fue de incertidumbre y contracción de los planes de inversión.

La mayoría artificial en el Congreso, de la mano de la agenda legislativa disruptiva planteada por López Obrador, y la cercanía de las elecciones presidenciales estadounidenses no establecieron el mejor ambiente de gasto e inversión.

Así, de 2.6% que, en promedio, anticipaban los Criterios Económicos del 2024, al final el PIB sólo tuvo una expansión de 1.2 por ciento.

Si bien se han moderado “los otros datos” en las mañaneras, lo cierto es que hasta hoy los estimados oficiales del 2025 se mantienen intactos y no se trata solamente de mantener una apuesta imposible de cumplir, sino que los pronósticos de Hacienda guían las metas recaudatorias en un año donde es crucial cumplir los objetivos por la urgencia de una corrección fiscal.

En los criterios Generales de Política Económica de este 2025 se contempla una expansión del PIB entre 2 y 3%, y no hay un solo pronóstico independiente que avale al menos la mitad de esta previsión.

Está claro que no habrá buenos servicios de salud, las carreteras serán un desastre, pero el servicio de cobro de impuestos es altamente eficiente. Sin embargo, eso no alcanza para cubrir las metas si no crece la economía.

El propio Banco de México ya rebajó a 0.6% su estimado promedio de crecimiento del PIB para este año y está claro que el banco central no estaría en una campañita para afectar la imagen del gobierno federal, al contrario, con todo y las piruetas que dieron en Banxico para explicar la rebaja, cumplen con su obligación.

Lo que sigue, necesariamente, es una aceptación del deterioro de las expectativas de crecimiento, lo pueden adjudicar todo a Donald Trump si quieren quedar bien con la feligresía, pero el siguiente paso tendría que ser la adecuación del gasto público para que se puedan cumplir las metas de ajuste fiscal necesarias.