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Hace unos días, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por su sigla en inglés) envió al Congreso un documento que establece los objetivos principales de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN).

El documento, que es el resultado de una amplia consulta por parte de la oficina del USTR con diferentes interlocutores, no incluye ninguna sorpresa mayúscula y para muchos observadores constituye una propuesta sensata de modernización que dista mucho del discurso proteccionista del presidente Trump y su ala nacionalista de asesores.

El documento aboga por mantener un intercambio comercial libre de barreras, refleja el arduo trabajo de cabildeo que hicieron delegaciones canadienses y mexicanas con gobernadores, legisladores y representantes industriales en estados donde la inversión y el empleo han crecido gracias al TLCAN.

Este mismo trabajo de cabildeo fue evidente en la discusión del documento en el Congreso donde el presidente del Subcomité de Comercio y legislador del Partido Republicano por el estado de Washington, Dave Reichert, hizo una fuerte defensa del TLCAN. El documento también incluye capítulos para endurecer estándares laborales y ambientales, así como otros para garantizar una cancha pareja en las compras gubernamentales y en la participación de empresas del sector público en el comercio. Todos estos puntos son prácticamente idénticos a los que ya se habían acordado como parte del TPP, así que no son controversiales.

El documento también incluye un muy necesario capítulo de comercio digital y otro con respecto al sector energético. Aunque en general el documento y la discusión en el Congreso parecen una buena noticia, no hay que perder de vista algunos aspectos claves que implican riesgos para México.

El punto más desafortunado se encuentra en las primeras líneas donde se establece como objetivo principal la reducción del déficit comercial de Estados Unidos (EU) con Canadá y México. Este punto está directamente dirigido a México, con quien EU tuvo un déficit comercial de 64,000 millones de dólares en el 2016, mientras que el déficit con Canadá fue de tan sólo 11,000 millones.

Aunque este punto se ha matizado argumentando que se pretende reducir el déficit mediante un aumento de las exportaciones de Estados Unidos a México y Canadá y no con la implementación de barreras a las importaciones, su inclusión como objetivo principal demuestra el poco entendimiento que tiene la administración Trump de las razones detrás del déficit comercial de EU.

No todos los déficits son iguales y el déficit con México se puede explicar en buena medida por la gran integración regional de las cadenas productivas del sector automotriz, donde las importaciones tienen un alto contenido de insumos provenientes de EU.

Otro punto controversial en el documento es la eliminación de ciertas provisiones para resolver disputas de antidumping que debilitaría la posición de México y Canadá frente a EU.

A pesar de esto, la perspectiva de la negociación es mucho más favorable que hace algunos meses. No obstante, es importante señalar nuevamente que ante la ausencia de “victorias” en la agenda de la administración Trump y las constantes controversias que la rodean, siempre existirá la tentación de dar un golpe para buscar complacer a su base. Cualquier cambio en el TLCAN debe ser aprobado por el Congreso de EU, pero el presidente mantiene la facultad de abandonar el acuerdo en cualquier momento, que sería lo que sus asesores más radicales quieren.