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La alianza “contra natura” del PRD y del PAN ha sido una de la más rentables electoralmente de los últimos años. Ha permitido a esos partidos ganar el gobierno de los estados de Oaxaca, Sinaloa, Baja California, Quintana Roo, Veracruz, Durango y Puebla (dos veces).

Hubieran ganado probablemente el del Estado de México de haber repetido la fórmula.

La fórmula queda otra vez frente a ellos a partir de los resultados del propio Edomex, que les mostró con claridad que solos no pueden ganar y aliados se vuelven el contendiente a vencer.

Tanto en la dirigencia del PAN como en la del PRD ha ido madurando la certeza adicional de que la sola alianza entre partidos no basta, sino que esta debe tomar la forma de un frente que incluya a muchos otros actores: otros partidos nacionales y locales, organizaciones civiles, candidatos y personalidades independientes, reunidos en torno a una agenda común.

El diseño incluye, en caso de triunfo, la formación de un gobierno de coalición que garantice una mayoría legislativa en el Congreso, cosa que no hemos visto desde el nacimiento de la democracia mexicana.

Un planteamiento semejante o convergente viene del llamado “polo de izquierda” o “cuarto polo” del que Miguel Ángel Mancera ha hablado en las páginas de MILENIO: una liga de partidos y movimientos que desde la izquierda puedan ofrecer un proyecto de país y de alianza con el PAN que vaya más allá de la simple negociación “te doy y me das” entre partidos.

La heterogeneidad del tejido se evidencia con solo mencionar sus ingredientes. Coserlo y mantenerlo unido implica un ejercicio político complejo.

La dificultad mayor, desde luego, es definir a los candidatos de esa alianza y cómo se escogen: empezando por la Presidencia de la República, terminando por el último puesto a presidente municipal.

La siguiente dificultad grande, me parece, será de orden programático e ideológico, a saber: cuál es la agenda que puede unir a ese cuerpo político heterogéneo, darle un rumbo común y ganar la imaginación de una ciudadanía incrédula, harta de promesas.

Lo que puede fortalecer esta amalgama, paradójicamente, es la debilidad de sus ingredientes: sueltos no valen mucho, perderán en 2018. Juntos, pueden ganar.

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