Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Hablemos de lo que vemos

Un movimiento que busca que las mujeres tengan un aborto seguro y leal, si es que lo necesitan

 

Estar a favor o no estar en una decisión tan propia de una mujer que después de una relación sexual consensuada o no, violentada o no, de manera irresponsable o no es, piensa o decide en abortar al saberse embarazada, es un tema controversial.

Sobre todo, en nuestro país donde, el 82% de los mexicanos son católicos, según el último censo que se realizada cada diez años.

La religión católica se opone por completo a interrumpir el embarazado, sin importar los motivos que pudiesen provocarlo, y por ello existen distintos grupos de hombres y mujeres que conforman un a asociación civil de nombre Pro-Vida, quienes buscan proteger la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural de toda persona.

Cabe señalar que ellos se distinguen por paliacates o listones de color azul cielo, y supongamos que son la oposición a toda ley o tema que legalice el aborto en nuestro país.

Mientras que, del otro lado, están las mujeres que exigen el derecho a decidir sobre su cuerpo, sin juzgar los motivos por las que llegasen a solicitar un aborto a cualquier hospital o clínica; y por supuesto que el pedir una legislación nacional, conlleve a que mujeres de cualquier lugar del país, puedan encontrar un espacio seguro y sano que no exponga su vida y su salud.

Ellas se han distinguido por utilizar un pañuelo de color verde en el cuello o en la muñeca, en señal de exigir el derecho a acceder a un aborto legal y seguro, y que en estos últimos años hemos visto a muchas mujeres portarlo en las calles de México, Latinoamérica y Europa.

Un movimiento que busca que las mujeres tengan un aborto seguro y leal, si es que lo necesitan.

Como toda decisión en donde implican las libertades propias del ser humano y el derecho de poder decidir qué hacer y qué no con nuestros cuerpos, las mujeres hemos enfrentado un sin fin de batallas para equilibrar la disparidad de género en muchos temas.

Por supuesto no entraré en emitir mi opinión personal, porque aquí lo que me gusta compartirles es mi visión profesional sobre la imagen y su poder comunicativo.

Hoy es esta imagen, capturada por Sáshenka Gutiérrez de la agencia EFE, quien acudió el día de hoy a la protesta por parte de mujeres de distintas organizaciones por el rechazo de La Primera Sala de la Corte de la Suprema Corte de la Nación (SCJN) a un proyecto de amparo que ordenaba al Congreso de Veracruz despenalizar el aborto.

Las feministas de la Ciudad de México salieron el día de hoy a manifestar su desacuerdo con tal decisión.

Pero aquí es donde me detendré un poco para ver la foto del día. ¿Qué vemos? ¿Qué es lo primero que usted ve? Claro, el martillo sostenido por una mano con un guante de plástico, de una mujer ataviada toda de negro, rostro cubierto, el listón verde en la cintura y en la otra mano, un aerosol con una hoja representando, seguramente, su movimiento en particular.

La protesta del día de hoy fue llamada “Ola verde por Veracruz”, y mire que estoy a favor de las marchas, de salir a manifestarnos cuando tenemos que hacer que nuestras voces resuenen, pero no lo estoy cuando la violencia y las agresiones se convierten en el principal estandarte.

A diferencia de muchas manifestaciones, incluso sobre el mismo tema de la despenalización del aborto en el mundo entero, las mujeres saben que el color vede o la pañoleta debe predominar, que los gritos y las exigencias deben de ser escuchadas, que nuestros rostros femeninos tienen voz y voto.

Pero lo que vemos es todo lo contrario, vemos a una mujer que acude a una protesta con la clara intención de demostrar que si no se hace lo que ella dice, utilizará un martillo, que, si nadie escucha su voz, pintará las paredes de negocios, de casas, o de lo que sea con su símbolo.

Vemos a una mujer que se viste de negro, y dudo que sea por el simbolismo de dolor ante una muerte, sino porque no quiere ser vista, porque quiere perderse entre la multitud; y si hablamos del rostro, donde apenas vemos un poco de sus ojos, nos deja claro que lo que ella quiere es anonimato, no visibilidad.

Claro, a excepción del martillo.

Al igual que la mujer que camina atrás, quien viste toda de negro con las manos pintadas de rojo.

Insisto, aquí de lo que hablamos es del tema visual, la introducción es para contextualizar lo que sucede hoy en día y el por qué estas mujeres y hombres salieron a marchar del Monumento a la Revolución hasta el Zócalo capitalino, en donde 8 mujeres policías resultaron lesionadas por distintas agresiones por parte de las manifestantes, más una decena de personas civiles que también se vieron afectadas.

Si bien el tema legal es interesante, ya que muchos hablan del rechazo de la Suprema Corta de Justicia de la Nación, cuando en realidad solo fue de la Primera Sala de la Corte, quien desechó un proyecto de sentencia por apoyarse bajo una premisa equivocada, es decir no se discutió ni el derecho a la vida, ni el derecho al aborto, ni la dignidad de la mujer.

Que por cierto, agradezco a la abogada Alegría Jiménez por compartirme la explicación del abogado litigante Raúl Carrera para entenderlo mejor.

En este espacio se respeta si usted está con el grupo de los pañuelos azules o de los verdes, aquí lo que destaco es que si salimos a exigir un derecho, un acto de respeto, salgamos con la misma congruencia a las calles.

No lo digo porque me importen o no las fachadas o los monumentos rayados, más que el derecho a elegir, sino porque creo que en el pedir está el dar y le pido una disculpa de antemano, pero salir con un martillo de una manera anónima, no suma, sino resta.

De lo que aquí hablamos, es de lo que vemos.

EFE/ Sashenka Gutiérrez
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