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Hace apenas una semana el primer ministro griego, Alexis Tsipras, asumía como un triunfo el resultado del referendo sobre el paquete de rescate europeo. El No a las exigencias de los acreedores le daría, dijo, más fuerza en las negociaciones y le permitiría lograr un acuerdo digno para su país. La sensación de victoria no duró mucho. Para evitar el colapso de la economía de su país, este fin de semana Tsipras aceptó condiciones aún más severas que las rechazadas en el referendo.

El acuerdo unánime de los países de la eurozona fue que Grecia obtendría hasta 86 mil millones de euros, sujeto a un programa de austeridad y a reformas económicas, a los que Tsipras se tuvo que comprometer. Para liberar los fondos, el parlamento griego deberá aprobar reformas al sistema de pensiones, al régimen fiscal y al mercado laboral. Además deberá crear un fondo de venta de activos públicos por 50 mil millones de euros para pagar deudas, bajo la supervisión de la Unión Europea.

La aprobación de estas medidas en el parlamento griego no está garantizada. Si bien hace unos días Tsipras logró lo que equivale a un voto de confianza para negociar, la coalición de izquierda que lo apoya ya mostró fisuras. Irónicamente ahora los partidos de oposición, pro europeos, son sus nuevos aliados. Se trata de un balance muy inestable que incluso podría desembocar en elecciones anticipadas.

Tsipras aceptó lo que él mismo calificó como un acuerdo “duro”. Lo aceptó, dijo, pues con este acuerdo se evita que Grecia salga de la eurozona y se abre la posibilidad de una reestructuración de la deuda en mejores términos. Aún así, The Wall Street Journal calificó el resultado como “casi una total rendición” del gobierno griego y The New York Times lo definió como una “capitulación total” de Grecia.

En mi columna anterior decía que el referendo había colocado a Tsipras entre la espada y la pared. El llamado a ese voto minó aún más la confianza de sus acreedores y generó la expectativa entre los griegos de que se alcanzarían mejores condiciones para el paquete de rescate. No se consiguieron. La realidad económica se impuso a la ideología de Tsipras y al respaldo que dijo haber recibido con el referendo.

Entre la espada y la pared, la espada se impuso… al menos en este capítulo de una historia que aún no concluye.