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El domingo y el lunes fueron días cruciales para el futuro inmediato de Grecia y la Unión Europea. El Eurogrupo y Grecia, después de meses de discusión, finalmente llegaron a un acuerdo preliminar de rescate para Grecia. Aunque dicho paquete aún debe ser aprobado por el Parlamento griego y los parlamentos de algunos miembros de la eurozona, la mayoría de los analistas políticos espera una aprobación mayoritaria.

A pesar del resultado de hace 10 días, que rechazó las medidas de austeridad incluidas en el programa de rescate propuesto hace unas semanas, el gobierno griego sucumbió a las presiones del Eurogrupo -principalmente de Alemania- y acabó aceptando condiciones de austeridad y compromisos de reformas estructurales muy similares a las de dicho paquete.

El programa de rescate incluye préstamos nuevos por 86,000 millones de euros, que están sujetos a que Grecia implemente en los próximos días ciertas medidas iniciales de austeridad acordadas.

Una vez que el Parlamento griego logre la aprobación de los recortes presupuestales y las reformas tributarias y al sistema de pensiones, Grecia podría recibir suficientes recursos para hacer frente al vencimiento de 3,500 millones de euros del 20 de julio.

Asimismo, una vez que se apruebe esta primera ronda de reformas, el Banco Central Europeo (BCE) podrá extender su línea de crédito a los bancos griegos y el sistema bancario podrá reabrir sus puertas.

Adicionalmente, el acuerdo requiere que Grecia apruebe una segunda ronda de reformas enfocadas en la legislación laboral, la desregulación de ciertos mercados de bienes y servicios y las reglas para la privatización de la empresa estatal encargada de la generación y distribución de electricidad para comenzar conversaciones sobre un acuerdo de rescate de mediano plazo.

El programa de rescate no incluye ningún tipo de reducción en el valor nominal de la deuda de Grecia, pero tampoco descarta que una vez que Grecia cumpla con el plan de austeridad y reformas estructurales se pueda negociar una extensión de plazos y periodos de gracia adicionales por parte de los acreedores de Grecia. Estos pasos serán cruciales para lograr que la deuda griega entre en una trayectoria sostenible, de lo contrario la relación deuda/PIB difícilmente alcanzará los objetivos planeados.

El default y el escenario de salida se han evitado gracias al compromiso de los líderes europeos de mantener intacta la unión monetaria europea y al compromiso del gobierno griego de establecer medidas de austeridad draconianas e impulsar reformas estructurales profundas.

El principal problema de corto plazo para Grecia se ha resuelto, pero Atenas sigue teniendo un reto descomunal en frente. El éxito o fracaso del rescate será principalmente determinado por dos factores principales: i) la ejecución del programa de privatizaciones, que podría recabar hasta 50,000 millones de euros para reducir la deuda, y ii) la velocidad a la que la productividad pueda incrementarse, producto de las reformas estructurales.

Desafortunadamente, la historia no está del lado de Grecia. Las medidas de austeridad, la falta de productividad, la resistencia social a los cambios estructurales y la migración masiva de griegos a otros países actuarán como obstáculo a la recuperación del crecimiento.

Lo más probable es que, dentro de un par de años, Grecia necesitará una quita por parte de sus acreedores, un nuevo plan de apoyo por parte de la Unión Europea o un futuro mecanismo de salida ordenado de la eurozona.