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La designación al frente Morena de alguien que una vez se paseó a caballo en el recinto de la Cámara de Diputados, elimina la llegada de Mario Delgado y, así, de una figura del sector más ponderado entre el grupo político que gobierna hoy.

El presidente optó por alguien de la vieja guardia en su lucha por el poder: Alfonso Ramírez Cuéllar, cuya tarea será convertir a Morena en un partido con estructuras, padrón de militantes, estatutos que de verdad sean cumplidos, disciplina partidista y sin tribus.

Un trabajo arduo, porque, sí: los estatutos prohíben “la creación de tribus, facciones, grupos, corrientes internas y la asignación de cargos por cuotas, el clientelismo, la perpetuación en los cargos y el uso de recursos para imponer o manipular la voluntad”.

Pero el pecado original de Morena fue su surgimiento como un movimiento de amigos históricos en la oposición y de personas cercanas, en el que, por ejemplo, los hermanos del actual mandatario, Pío y Ramiro, encabezaron la estructura en Chiapas.

O el esposo de Layda Sansores, el jefe en Campeche; la actual secretaria del Trabajo, en Chihuahua; el actual gobernador Baja California, Jaime Bonilla, en el estado que hoy gobierna en reelección de facto, pues era por dos años y lo hará por cinco.

El propio Ejecutivo, en campaña, dijo del a la postre ganador de la gubernatura de Chiapas: “Es mi amigo del alma, los que nos han acompañado desde hace 40 años, si incurre en corrupción, castigo. No va a haber amiguismo”.

Ramírez Cuéllar tendrá que proveer a Morena de una seriedad y un respeto de los que nunca fue capaz de proveerlo su antecesora, quien más que jefa de un partido en el poder, parecía actuar como pueril activista del Foro de Sao Paulo y la Internacional Comunista.

La explicó mejor la senadora Citlali Hernández en un tuit: “Qué daño le ha hecho @yeidckol al partido; la historia le juzgará. Ha inmovilizado al partido durante su ‘gestión’. Pero el movimiento debe reorganizarse y continuar”.

Como sea, Ramírez Cuéllar recibe el partido con todo el respaldo y el impulso desde lo más alto, y con mucha banda entre las bases, lo cual se pudo ver en cómo colocó en tendencia en redes el hastag #YeidkolNoTeAferres.

Además, tiene para gastar este año mil 717 mil millones, fijados para Morena en el presupuesto de los partidos y al cual buscan hincarle el diente no solo los fundadores, también los arribistas llegados de otros partidos para impulsar sus proyectos particulares.

Por lo pronto, Morena sigue más del lado de los fundamentalistas que de los más equilibrados, entre quienes aparecía Mario Delgado, como alfil del canciller, para dirigir al partido.

Y así continuará esta película.