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¿Qué nos impide ahora pensar que cualquier día de éstos podemos encontrar en nuestras redes sociales un mensaje del Secretario de Hacienda que, con una musiquita chocante de tono triunfalista, nos informe que decidieron por unanimidad entre los burócratas de Hacienda que, ante la necesidad de pagar las obras para el Mundial de Futbol, el Impuesto sobre la Renta sube hasta 40% de manera inmediata?

Total, podría argumentar el funcionario en su video, 55% de los trabajadores del país vive en la informalidad y quedaría exento de esta medida, por lo que podrán seguir sin contratiempos con sus planes para ver los partidos del campeonato de futbol.

¿Qué tanto suena como una locura después de ver el bochornoso episodio que encabezó Mario Delgado anunciando cambios en el calendario escolar, con un daño a millones de alumnos, maestros, padres de familia y empresas relacionadas con la educación?

Ahora, este tipo de decisiones absurdas han apabullado a México desde que inició este accidente histórico llamado Cuarta Transformación. De las ocurrencias discursivas de López Obrador en ese espacio propagandístico salieron acciones como la destrucción de autonomías, la rifa del avión presidencial, la megafarmacia, el Gas Bienestar… el Plan C de la contrarreforma al Poder Judicial.

La diferencia y lo más peligroso ahora es que las radicalidades ya provienen de personajes tan impresentables como Mario Delgado, que dejan claro el cumplimiento de aquella consigna presidencial de 10% de capacidad y 90% de lealtad, aunque con el matiz en este momento: ¿lealtad de Delgado con quién? Seguro no con su jefa la presidenta Sheinbaum.

Este desorden no es gratuito; es el síntoma de un sistema que ha decidido dinamitar la certeza jurídica por ideología. Lo que vimos formalmente publicado como un cambio al calendario escolar –nada que es solo una sugerencia– no es simplemente un error administrativo, es un mensaje a los mercados: en México, la planeación y la ley son barro en manos del capricho político.

La erosión sistemática de la confianza, desde la cancelación del aeropuerto hasta la cancelación de las clases, tiene un costo contable en los datos, entre otros, en la caída drástica de la llegada de nuevos capitales directos del exterior.

El control de daños en marcha no elimina la percepción de los mercados de que en México la ideología ha secuestrado a la técnica y que la falta de nuevas inversiones que apuntalen el crecimiento económico no es una casualidad estadística, sino la respuesta natural de los cobardes capitales ante un entorno de caprichos gubernamentales.

BTS en un balcón de Palacio Nacional es una cortina de humo, inocua; el lance populista de sacar a millones de niños y jóvenes de los salones de clases por el Mundial es un despropósito que invita a tener la certeza de que pueden repetir esa medicina autoritaria en cualquier terreno que viva bajo el control gubernamental, incluso el fiscal.

No fue directamente la Presidenta, el desorden lo generó un funcionario que claramente no está preparado para el puesto de Secretario de Educación Pública, y el riesgo de jugar al caos es que el mundo se compre la idea de que México tiene un gobierno fallido que no es capaz de respetar procesos, ni contratos, ni la lógica elemental.

La falta de nuevas inversiones que apuntalen el crecimiento económico no es una casualidad estadística, sino la respuesta natural de los cobardes capitales ante un entorno de caprichos gubernamentales.