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El contar con un régimen fiscal homogéneo ha sido uno de los grandes pasos del federalismo fiscal. Permitió mejorar la recaudación y crear un sistema fiscal único, en el cual los estados permitieron que sus impuestos fueran recolectados por el gobierno federal, un logro, que con el tiempo ha generado la idea falsa de que los recursos son del gobierno central. No nos equivoquemos. Las participaciones son la manera de regresar a los estados y municipios lo que les pertenece.

Otro problema generado por el pacto fiscal vigente es que su operación ha inhibido a muchos estados y municipios para fortalecer sus ingresos propios. Solo como ejemplo, México tiene una de las más bajas recaudaciones en el mundo en el llamado impuesto predial, con implicaciones no solo sobre la insuficiencia de recursos a municipios, sino en la elevadísima especulación de la propiedad inmobiliaria, ya que en muchas partes simplemente no tiene mayor costo su retención.

Un grupo significativo de gobernadores ha reclamado a la Federación revisar el modelo hacendario. La exigencia viene de mucho tiempo atrás. Por lo mismo, es importante que el nivel que ha alcanzado este desencuentro derive en diálogo, y a su vez, en la celebración de una Convención Nacional Hacendaria que dé curso a lo razonable y deje al margen lo que no tiene lugar en un país con escasez presupuestal, con necesidades apremiantes y desigualdades regionales significativas.

Ha sido una mala señal para el acuerdo y la confianza que, en el Congreso, la mayoría imponga su voluntad a partir no de la convicción o de la razón, sino de la instrucción dictada desde Palacio Nacional, como ocurrió en el finiquito de los fideicomisos. Igualmente, puede decirse en materia de presupuesto.

El Presidente es un convencido de que tiene el mejor modelo de gasto y de inversión. Esta visión no es compartida por muchas entidades y regiones, sobre todo cuando son excluidas de las prioridades en el gasto público. Situación que se agrava por la asignación directa de obras o por un gasto social sin reglas de operación. Insisto, es necesario el diálogo y una Convención Hacendaria, seguramente bajo el nuevo mapa de poder que definan las elecciones de 2021.