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El artículo 2 de la Ley del Banco de México dice que la finalidad de esta institución es proveer a la economía del país de moneda nacional y para ello tiene como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo del peso. Además, busca promover el sano desarrollo del sistema financiero y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas de pagos.

Que Gerardo Esquivel Hernández sea un hombre tan cercano al presidente electo Andrés Manuel López Obrador no lo descalifica para cumplir con los objetivos del banco central mexicano, pero sí pone en duda si podrá conservar la distancia suficiente de un mandatario que marcadamente gusta de intervenir en todas las áreas de poder.

De las calificaciones académicas del doctor Esquivel no hay duda, lo cual no tiene nada que ver con la gran virtud del Banco de México que es su autonomía y poco le convendría, a la delicada tarea de mantener a raya a la inflación, la presencia de alguien que responda a los intereses de un presidente tan poderoso como López Obrador.

Vamos, es tan apabullante el alcance que tiene el próximo mandatario que fue suficiente conocer la futura postulación de Esquivel ante el Senado de la República, como para tener claridad de que la mayoría de Morena acatará la decisión y aprobará la designación de este economista como el sustituto del subgobernador Roberto del Cueto, quien optó por un retiro anticipado.

Desde que el Banco de México es autónomo, a mediados de los años 90, han desfilado tres gobernadores del banco central y cuatro presidentes de la República, y nunca ha existido la duda de una actuación autónoma del Banxico.

Esquivel ocupará uno de los cuatro asientos de los subgobernadores. La quinta silla es la del gobernador del Banco de México, quien goza de un voto de calidad.

No hay duda, un solo personaje no aporta los votos suficientes para una eventual alineación con los objetivos del presidente. Pero las vacantes que tiene y tendrá el banco central durante los siguientes dos años sí darían para conformar una mayoría.

Nada más enriquecedor que tener una voz con un criterio diferente, incluso disidente, de las decisiones que tomen aquellos que tienen una formación y un pensamiento similares.

Hay que decir, eso sí, que los banqueros centrales actuales, muchos egresados del hoy tan detestado ITAM, han mantenido excelentes resultados en la política monetaria.

Tiene sentido que el próximo presidente, con un pensamiento no visto en México desde los años 80, pretenda tener una voz afín en el banco central. Lo que sería fatal para la salud financiera es usar un picaporte en la puerta del banco para presionar en decisiones que tienen que gozar de total autonomía. Porque no sólo es el control inflacionario sino otros aspectos, hoy tan mentados, como los porcentajes de comisiones que cobran los bancos e incluso los márgenes de intermediación crediticia.

En fin, temas que requieren de verdaderos expertos financieros que sin apasionamientos dogmáticos analicen el buen desempeño del sistema financiero.

Le vendrá muy bien a las discusiones de la Junta de Gobierno un buen debate para la toma de decisiones, incluso las minutas de las reuniones de decisión de política monetaria serán mucho más divertidas.

Pero si de lo que se trata es de inocular al Banco de México con la doctrina de la cuarta transformación para responder a los mandatos presidenciales, se puede perder mucha de la estabilidad monetaria conseguida.