Minuto a Minuto

Nacional El rey Carlos III felicita a México por 216 años de Independencia
"Mi esposa y yo enviamos nuestros más cordiales saludos a todos los mexicanos, con nuestros deseos de paz, prosperidad y bienestar para este año"
Entretenimiento Alejandro Fernández lleva el espíritu mexicano a Las Vegas
El “Rey de las Fiestas Patrias” se presentó ante el público de la 'Ciudad que nunca duerme' y estuvo acompañado por sus hijos
Internacional Condenan en Chile a mujer por esconder 11 años el cadáver de su madre para cobrar pensión
La mujer falsificaba documentos con la huella dactilar de su madre para presentarlos en cobrar la pensión de la difunta
Entretenimiento ‘Spider-Man: Brand New Day’ se convierte en el filme más taquillero de la historia en EE.UU.
Spider-Man recaudó en taquilla estadounidense 936 mil 773 millones de dólares desde su estreno el pasado 30 de julio
Nacional México activa la búsqueda y captura del presunto feminicida de la española Claudia Tacoronte
El principal sospechoso fue identificado como Javier Francisco. La búsqueda del presunto asesino de Tacoronte continúa

Solo si usted es seguidor de los mercados financieros se habrá enterado de que los precios del petróleo han tenido bajas importantes, después del repunte que tuvieron tras el cierre del estrecho de Ormuz.

Porque solo los ciudadanos de aquellos países con economías de mercado y sistemas fiscales bien ordenados se enteran de inmediato de cómo las presiones en los precios del petróleo bajan cada vez que van a cargar gasolina.

En México, las gasolinas son un instrumento de recaudación y una forma de hacer propaganda. Cuando los precios de estos combustibles empezaron a subir de forma importante en marzo pasado, el régimen nos vendió la regulación del precio a través de moderar el cobro del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), como un acto de heroísmo social, cuando en realidad es un mecanismo permanente de control fiscal donde el consumidor siempre pierde.

Esto queda muy claro con el precio de la gasolina Magna, que además está bajo un control de precios disfrazado. Antes de la guerra en Medio Oriente, el litro de esta variedad de combustible costaba 23.99 pesos y, en la parte más álgida del conflicto, seguía en 23.99, solo que ahora con la necesidad de agradecer el subsidio fiscal y algún sacrificio en los márgenes de ganancia.

En Texas, lugar de origen de 85% de las gasolinas que México importa, tuvieron que pagar el escandaloso precio de 4.09 dólares por galón a finales de mayo pasado, que en pesos de ese momento eran 17.60 por litro. Hoy, en ese estado, siguen lejos de los 2.90 dólares por galón de principios de marzo, pero ya bajó el costo de la gasolina regular a 3.30 dólares por galón, lo que ya se agradece en el bolsillo.

En México no. El promedio del precio en la peor parte de la restricción petrolera es prácticamente el mismo que hoy; la diferencia es que, en la integración del precio final al consumidor, lo que se ahorra por costos de importación se lo lleva, en su mayor parte, el IEPS. Alrededor de 60% del costo final al público en México corresponde a la cadena importación-logística, o producción-logística, pero el restante 40% son impuestos.

Y, como es una muy buena forma de compensar la baja recaudación en otros gravámenes, evidentemente los consumidores no nos enteramos en la bomba despachadora de que mejoraron las cosas en Medio Oriente.

El alto cobro de impuestos en las gasolinas es una distorsión fiscal que afecta a los mercados y que acaba por tener un impacto inflacionario.

Pero, ante la debilidad de las finanzas públicas, este IEPS en especial se convierte en un salvavidas. El problema de fondo es que, además de un mal sistema recaudatorio, gran parte de esta manera de exprimir al contribuyente cautivo en la gasolinera se destina a mantener el respirador artificial de Petróleos Mexicanos.

Las distorsiones en los precios de los combustibles son un lastre para muchas actividades económicas y un dique para una verdadera economía de mercado.

Y si bien tal cantidad de impuestos en las gasolinas es parte de la tabla salvadora de las finanzas públicas, también nos impide tener las alegrías de otros consumidores que entienden y aplauden el final de un conflicto petrolero global.