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La semana pasada preguntaba qué deberíamos considerar como triunfos y cuáles serían los fracasos en las elecciones de este domingo. Los criterios que propuse no dejan lugar a dudas: el PRI es el gran perdedor y su verdugo fue el PAN.

El PRI quedó muy lejos de los nueve triunfos prometidos. Solo ganó en cinco estados y fue derrotado en siete. Seis de las derrotas fueron en entidades que gobernaba. El rechazo hacia los gobiernos del PRI fue contundente.

En contraste, el PAN logró un triunfo histórico. La conquista de siete estados en una sola jornada no tiene paralelo y le significa un impulso inesperado de cara al 2018. La victoria en Veracruz apuntala a Ricardo Anaya, promotor del candidato ganador a pesar de las críticas dentro del panismo. Anaya queda muy fortalecido al interior de su partido y toma la delantera hacia la candidatura presidencial.

Para Morena también fue una buena jornada. Avanzó en Veracruz muy por encima de lo esperado al inicio de la contienda, en Zacatecas alcanzó un competitivo segundo lugar y en la capital se consolidó como la principal fuerza política. Además, en la suma de votos de todos los estados en juego, es muy probable que Morena haya superado al PRD. Nada mal para un partido con apenas dos años de vida.

Morena no arrolló, pero eso no necesariamente es una mala noticia para Andrés Manuel López Obrador. Al no atraer todos los reflectores, evita que las fuerzas rivales se unan en su contra y se mantiene como un aspirante fuerte a Los Pinos, cada vez con más base y estructura partidista.

Aunque el PRD perdió Tlaxcala, donde fue solo, las tres victorias en coalición con el PAN lo dejan bien parado y con discurso. La posibilidad de replicar en el 2018 la fórmula aliancista que hoy lo deja vivo lo proyecta como un jugador relevante en el tablero de la sucesión presidencial. El PRD no ha muerto.

Más allá del balance de partidos, el saldo de la alternancia (8 de las 12 entidades en juego) demuestra que, en lo esencial, la democracia funciona. Por encima del dinero, la guerra sucia, la operación electoral y cualquier otra trapacería, se impuso el voto. Con todo y los enormes pendientes de nuestra democracia, el electorado pudo castigar a los malos gobiernos. Por ello, entre los ganadores del domingo, también están los ciudadanos.