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Hay una preocupación global por 
la posición que pueda adoptar EU.

Cuando en el 2009 se reunieron de emergencia las 20 economías más grandes del mundo, tenían algo en común: la Gran Recesión.

Todos sin excepción enfrentaban las consecuencias de una crisis global coordinada que había llevado a los mercados financieros a la zona de pánico y a las economías hacia una rápida recesión.

Fueron motivos suficientes para que se buscaran acciones comunes con el objetivo de ponerle fin a una de las peores pesadillas del mundo capitalista desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado.

En ese momento, las posibilidades de apuntalamiento con las políticas fiscales eran reducidas, puesto que ya habían usado esos instrumentos para fomentar un crecimiento. Paradójicamente, esas herramientas fiscales usadas en exceso eran parte de la explicación de por qué tenían tantos problemas para ese momento.

Se usaron instrumentos monetarios en remplazo para apuntalar las economías. De manera destacada, el banco central de Estados Unidos dio vida a un mecanismo ultraortodoxo de compra de bonos y tasas en cero para frenar el deterioro de su economía, que ya incluía para ese momento la quiebra de grandes firmas financieras e industriales.

Pero desde entones y a la fecha, muchas cosas han cambiado. Hoy estamos en una fase de pago de facturas de aquellas sobredosis de liquidez. Hoy son tiempos de resultados diferentes de las medidas adoptadas hace ya siete años.

Por eso es que ahora que desde organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) se habla de la necesidad de adoptar medidas globales, coordinadas y urgentes para enfrentar la actual coyuntura financiera y económica: no todos piensan igual.

Si Estados Unidos no está en recesión y por el contrario presenta datos de un modesto crecimiento, si la Reserva Federal ha iniciado el proceso de corrección de su política monetaria, si están con cifras cercanas al pleno empleo, si la inflación ha dejado el cero y va camino a 2%, si el margen de estímulos fiscales está limitado por el control opositor a la Casa Blanca en el Congreso, no tienen motivaciones para salvar al mundo.

El temor del FMI es que todo el desorden financiero mantenga su traspaso a la actividad económica y ésta se dañe a nivel mundial. Las depreciaciones cambiarias, la baja en los precios de las materias primas y el vuelo a la calidad de los capitales son algunos lastres que hoy amenazan sobre todo a las economías emergentes.

Pero el egocentrismo estadounidense lleva a su secretario del Tesoro, Jack Lew, a decir con miras a la reunión de este fin de semana que no se puede hablar de una respuesta fiscal a una crisis, porque simplemente desde su perspectiva, en su propio teatro de operaciones, no se ve una crisis por ningún lado.

Hay una preocupación global por la posición que pueda adoptar Estados Unidos y su deslinde de nuevas medidas mundiales. Pero lo que realmente genera angustia a nivel de miedo es que pudiera eventualmente llegar al poder un personaje como Donald Trump con políticas aun más egocéntricas y aislacionistas.