Minuto a Minuto

Nacional Guadalajara enfrentará seis meses de menor suministro por crisis de agua sucia
“Es una decisión difícil, pero responsable", indicó el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, a través de un comunicado
Nacional Amplía Veracruz cobertura de la CURP Biométrica con inversión superior a 50 mdp
Veracruz da un paso firme en la modernización de sus servicios gubernamentales y en la protección de los derechos de identidad de su población
Entretenimiento Jack White arremete contra Trump por decir que Irán puede “destruir” Los Ángeles
Las declaraciones de White se produjeron después de que Trump dijera el lunes que “podrían destruir una ciudad” y mencionara Los Ángeles y San Diego
Internacional Trump dice que hablará “muy pronto” por teléfono con Putin sobre la peste neumónica rusa
Trump señaló que “seguramente” podrán informar sobre las conversaciones que mantenga con Putin el miércoles
Nacional Solo el 1 % de las trabajadoras del hogar en México tiene contrato a pesar de las reformas
En México hay 2.3 millones de personas trabajadoras del hogar, de las cuales 9 de cada 10 son mujeres

Donald Trump se ha vuelto tan disruptivo y amenazante con sus aliados que resulta muy difícil creer que, en medio de sus exabruptos sobre Groenlandia en el Foro Económico de Davos, haya planteado algo en lo que sí habría que hacerle caso.

En medio de sus amenazas arancelarias, su apetito por el “pedazo de hielo” y sus desplantes a la OTAN, pasó desapercibida una reflexión que debería escuchar sobre todo el gobierno mexicano.

El futuro energético estadounidense no está a cargo de empresas estatales al borde de la quiebra, ni tampoco es un futuro verde, tampoco negro, es atómico.

Trump, con esos tintes inconfundiblemente lopezobradoristas, se burló de los europeos por arruinar sus paisajes con los aerogeneradores. Llamó “the Green New Scam”, a esos ventiladores gigantes que China fabrica, pero que no usa, que matan a los pájaros, pero no aportan la energía eléctrica suficiente para Europa.

Y aunque con ese estilo bochornoso, el Presidente de Estados Unidos planteó un asunto irrefutable: hoy la mejor energía eléctrica, suficiente y segura es atómica, no eólica o solar.

Trump es un enamorado del petróleo y del carbón, le tienen sin cuidado las medidas proambientales, pero alguien lo convenció de algo real, la energía nuclear es hoy la fuente más segura y confiable del planeta.

Las centrales nucleares operan hoy al 92% de su capacidad, que es el doble de la fiabilidad del carbón o del gas, y sin las intermitencias del viento o el sol.

Además, la energía nuclear es 800 veces más segura que el carbón y 600 veces más segura que el petróleo. Estadísticamente, para que la energía nuclear causara el mismo daño, en accidentes laborales y medioambientales, tendría que haber un accidente del tamaño de Chernóbil cada 18 días.

Estos datos no hay que verlos desde la perspectiva de los impresionantes campos eólicos en las costas del Báltico, sino desde la perspectiva de este socio comercial que, entre otras tantas desventajas, tiene una política energética estatista y petrolizada.

Todo aquel invento retórico del gobierno mexicano del nearshoring se topaba con la realidad de un régimen con tintes autoritarios, que se apropió del Poder Judicial, que ha desmantelado instituciones, pero, sobre todo, que es incapaz de garantizar sustentabilidad energética.

México produce alrededor de 58% de su energía eléctrica a través del ciclo combinado. Y solo para documentar nuestro optimismo, esta semana el gas natural ha subido 34% su precio por el vórtice polar que ahora afecta a Estados Unidos.

De la energía eléctrica 10% se produce con hidrocarburos, energía cara y sucia; 4% con carbón, que es poca electricidad, pero de alto costo de producción.

Del lado de las energías limpias, como a López Obrador le molestaban tanto los aerogeneradores como a Trump, México apenas produce 25% de su energía de esa forma, en medio de pocas inversiones y trabas regulatorias.

Y la planta nuclear de Laguna Verde, en Veracruz, produce cerca de 5.0% de la energía eléctrica del país.

En esa, hay que decirlo, Donald Trump tiene un punto a su favor y México debería explorar con apertura a las inversiones privadas las oportunidades de mejorar su matriz energética con átomos y no con dogmas.

El futuro energético estadounidense no está a cargo de empresas estatales al borde de la quiebra, ni tampoco es un futuro verde, tampoco negro, es atómico.