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La falta de crecimiento económico no implica simplemente el incumplimiento de una promesa de campaña de crecer a 4% al año y enfrentarnos a 0% de expansión del Producto Interno Bruto.

Con la actividad económica deprimida los efectos se han visto en prácticamente todos los sectores productivos. Hay actividades económicas en franca recesión, como la construcción o la industria de la transformación, y hay otros como el comercio que cada día están más cerca del crecimiento cero.

Menos empleos, menos ingresos y, por lo tanto, menor pago de impuestos.

El gobierno federal también resiente los efectos de esta baja en la actividad económica. A pesar de que desde su cabeza asegura que vamos requetebién y que lo que cuenta no es el crecimiento sino el desarrollo, algo que ni siquiera queda claro en aquella publicación de la economía moral.

No hay que buscarle mucho, si hay alguien responsable de que la actividad económica en México haya sufrido un freno de tal magnitud durante el 2019, fue la 4T, sus políticas de ejercicio del gasto público y sus mensajes y acciones de desaliento a los capitales privados.

Un dato que aterra del ejercicio del gasto público durante el año pasado, publicado en el informe de finanzas públicas de la Secretaría de Hacienda hasta noviembre del año pasado, es que la inversión física del gobierno federal había caído 14 por ciento.

Con todo y las grandes cantidades de recursos transferidas a los programas asistencialistas de este gobierno, el gasto programable en ese lapso fue menor a lo presupuestado. El problema es que los ingresos cayeron de forma significativa y ése es un problema que puede ser muy serio.

Para cubrir los boquetes que se abrieron en las finanzas públicas durante el año pasado, el gobierno federal usó una parte muy importante del guardadito que durante muchos años se juntó para la temporada de vacas flacas.

Aunque no hemos visto todavía nada de la desaceleración mundial, ya le dieron un muy buen mordisco al Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios. Y ni con eso parece que se puedan cumplir las metas de disciplina fiscal que estaban presupuestadas.

Eso que empieza a tener forma de un desorden en las finanzas públicas puede ser un problema serio este año que inicia, porque se prevé que la economía se mantenga estancada, no habrá inversión pública importante en materia de infraestructura, se limita y espanta a los capitales privados y como colofón el mundo estará encaminado hacia una recesión global.

Éste es un camino marcado hacia una degradación crediticia no muy lejana que complicaría mucho más el panorama financiero del país, porque agrega costos adicionales a los compromisos financieros, tanto del gobierno como de los agentes económicos particulares.

No hay duda, ese nulo crecimiento del año pasado es mucho más que un número para el registro político del primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Es un indicador de que pueden encadenarse más desgracias económicas y financieras si no se corrige el rumbo. Y no parece estar eso entre sus planes.