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En el año de 1982, el recientemente fallecido cantante Prince lanzó un exitosísimo sencillo titulado “1999 (Party like it’s 1999)” como parte de su álbum del mismo nombre. La letra de dicho sencillo argumentaba que ante el posible fin del mundo, con el primer minuto del 2000 había que festejar como si fuera la última noche de 1999.

Seguramente, Prince nunca imaginó que, para los que estamos en el medio financiero, su sencillo quedaría eternamente vinculado con los acontecimientos de los mercados accionarios al cierre de 1999 y principios del 2000.

En el último día de 1999, tanto el S&P 500 como el Dow Jones y el NASDAQ marcaron máximos históricos de manera simultánea. El S&P 500 alcanzó 2,193 unidades; mientras que el Dow Jones y el NASDAQ llegaron a 11,497 y 4,069 puntos, respectivamente. Aunque este suceso se vino dando en repetidas ocasiones durante 1999, como parte del auge tecnológico de los mercados, y que tanto el S&P como el NASDAQ y el Dow Jones alcanzaron niveles más altos durante el primer trimestre del 2000, esto no sucedió de manera simultánea.

Para esto debieron pasar más de 16 años y, finalmente el jueves de la semana pasada, el S&P 500, el Dow Jones y el NASDAQ volvieron a marcar máximos históricos de manera simultánea. La última vez que esto sucedió hace 16 años, los mercados vivieron un par de meses más de euforia antes de comenzar una espiral negativa que duró prácticamente dos años y medio.

Entre el primer trimestre del 2000 y octubre del 2002, el NASDAQ perdió tres cuartas partes de su valor, a la vez que el S&P 500 perdía la mitad de su valor y el Dow Jones una tercera parte del suyo.

Aunque no estoy sugiriendo que el nuevo triple máximo histórico simultáneo anticipe el final del bull market más largo de la historia, hay quienes ven claras señales de que el ciclo se está agotando.

Para los pesimistas, los niveles de valuación no son compatibles con un entorno de crecimiento como el actual. Por ejemplo, el múltiplo precio/utilidad (P/U) al que cotiza actualmente el S&P 500, que es el índice más amplio y representativo del mercado, es 25 veces mientras que su promedio histórico es 16.

No obstante, los optimistas argumentan que aunque el múltiplo está muy por arriba de su promedio histórico, también está muy por debajo de las 44 veces a las que llegó en diciembre de 1999.

Adicionalmente, los optimistas argumentan que es razonable que el múltiplo sea más alto al promedio histórico porque cuando las tasas de interés son bajas, el costo de oportunidad -es decir, la recompensa que ofrece la tasa libre de riesgo- es prácticamente nula.

Este argumento tiene mérito y enfatiza lo que hemos venido diciendo en este espacio: la gran ola de liquidez creada por los bancos centrales y un entorno de tasas de interés reales negativas (y en algunos casos tasas nominales negativas) han contribuido a que los mercados le den menos importancia a varios riesgos que permanecen latentes.

Para que los mercados mantengan su tendencia alcista es primordial que no haya un deterioro importante en el panorama económico, pero más aún que los bancos centrales mantengan su política de inundar al mercado de liquidez ante cualquier sobresalto. Aunque la liquidez ha sido el principal pilar del rally más prolongado en la historia de los mercados, sería irresponsable hacer a un lado la presencia de riesgos importantes.

Es posible que el Reino Unido no entre en recesión, que Europa siga creciendo sin sobresaltos políticos, que la desaceleración en China siga siendo gradual y ordenada, que la economía estadounidense siga creciendo moderadamente, que los precios del petróleo se mantengan en una banda estable y que Hillary Clinton gane la presidencia sin sobresaltos.

No obstante, un cambio de percepción en cualquiera de estos factores o la aparición de nuevos riesgos sin duda podría traer nuevos episodios como el que vivimos a principios de año.