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Fueron menos de dos meses los que pasaron entre la pasada reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y la que concluyó ayer 17 de marzo. Pero parecía que habían sido años.

El 27 de enero la preocupación era la misma de los meses anteriores: una pandemia de Covid-19 con profundos efectos humanos y económicos. Una recesión persistente y con un escenario incierto de recuperación y una inflación por debajo de lo previsto.

La decisión era mantener las tasas de interés sin cambio, cerca del cero, las recompras de bonos, una política monetaria acomodaticia y tolerancia a un nivel mayor de inflación, más allá del tradicional 2%, para no entorpecer una eventual recuperación.

Joe Biden tenía apenas una semana en el cargo como para que en esa reunión se pudiera evaluar algún impacto objetivo de su llegada a la Casa Blanca.

Pero desde ese momento y a la fecha muchas cosas han cambiado, como si efectivamente hubieran pasado más que esos 50 días entre reuniones de decisión de política monetaria.

En este tiempo se aceleró la vacunación contra el SARS CoV-2 en Estados Unidos a tal nivel que hasta el último corte 113 millones de personas se habían vacunado en aquel país, de los cuales 40 millones ya recibieron las dos dosis del biológico.

Así que, con 22% de la población vacunada y con estados como Texas completamente abiertos para las actividades económicas, el panorama de análisis cambiaba respecto a lo que era visible en enero.

Otro cambio que habría de notarse en las gráficas de análisis de los que toman decisiones al interior de la Fed tenía que ver con esa mayoría que los demócratas obtenían en el Senado tras la segunda vuelta electoral en Georgia.

El refrendo de la mayoría en la Cámara de Representantes y el voto de calidad de la vicepresidenta Kamala Harris en el Senado abrió la puerta para que en ese breve espacio entre reuniones de decisión de política monetaria se discutiera, aprobara, promulgara e iniciara su implementación un programa de estímulos a la economía por 1.9 billones de dólares.

Son muchos millones de dólares para muchos millones de consumidores que van a cambiar rápidamente las alicaídas gráficas de consumo interno en Estados Unidos.

Esto para la Fed implica buenas noticias en esa vertiente de responsabilidad que tienen de procurar el pleno empleo, pero los lleva a poner más atención en el otro brazo de sus responsabilidades que los lleva a vigilar los niveles inflacionarios.

Como componente adicional de eventuales presiones inflacionarias, esto se ha convertido en un tema en el mercado, que se nota en presiones en las tasas de los bonos del Tesoro, y cuando eso ocurre hay que procurar que ese tipo de discusiones no se conviertan en profecías autocumplidas.

Muchos cambios en pocos días, pero la Fed ya se había creado espacio para ello, con las tasas en cero, con su tolerancia a la inflación y con una política monetaria acomodaticia que por ahora sólo implicó una sustancial mejora en su pronóstico de crecimiento económico de Estados Unidos hasta 6.5% este año.