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¿Recuerda usted aquella escena de la película Psicosis, de Alfred Hitchcock, cuando en su habitación del motel Bates Marion es acuchillada mientras la música de Bernard Herrmann complementa uno de esos momentos brillantes de la cinematografía mundial?

Bien, pues esos mismos violines y demás cuerdas que chillan en la bañera de la escena del crimen podrían sonar toda la próxima semana para dar paso a la secuencia que habrá de culminar con el comunicado tras la reunión de la Reserva Federal (Fed), el próximo jueves.

Parece increíble, pero los mercados financieros mientras más buenas noticias reciben sobre el comportamiento de la economía de Estados Unidos, más pesimistas se ponen respecto del futuro de los mercados de renta variable y los destinos emergentes.

El próximo miércoles, las tablas de los mandamientos del Comité de Mercado Abierto de la Fed habrán de indicar cuáles son las intenciones de la autoridad a la luz de buenos datos económicos como el sorprendente dato de creación de puestos laborales de hace una semana.

Las posibilidades que ve el mercado de que durante la reunión de los próximos 17 y 18 de marzo se eleve la tasa de interés son iguales al cero. Tampoco hay algún analista que crea que durante la reunión de abril pudiera darse ese importante cambio en la política monetaria.

Las posibilidades de ese primer cuarto de punto inician en junio con apenas 22% de probabilidades asignadas desde los mercados. El porcentaje sube conforme avanza el año hasta llegar a 90% de las probabilidades del mercado de que durante diciembre se haya presentado ya un aumento en el costo de los dólares.

Pero ésas son apuestas, expectativas de los analistas que sólo pretenden meterse en la cabeza de los que toman las decisiones.

Por eso es importante la reunión de la próxima semana con su comunicado del miércoles y la posterior conferencia de la señora Janet Yellen, porque ésa es la única fuente real de obtener información certera de los planes del banco central.

Ya sabemos que palabras como paciencia y tranquilidad son altamente ponderadas por los participantes de los mercados que las toman como una música de calma en tiempos de turbulencia.

Pero también saben que pueden llegar términos relativos al crecimiento dinámico, mejora de indicadores, o similares que son como los violines de Herrmann en Psicosis que adelantan el cuchillazo de las tasas a los mercados.

Pero más allá de lo que diga la Fed, el miércoles hay una realidad insoslayable: el dólar es hoy la única moneda fuerte del mundo, la única que respalda a una economía en crecimiento. Es también la contraparte de monedas como el euro o el yen japonés, que deliberadamente se han devaluado.

Eso no va a cambiar, los dólares y los euros habrán de alcanzar previsiblemente una paridad idéntica de uno a uno y las monedas emergentes se mantendrán depreciadas.

Las tasas de interés del mundo alternativo de naciones como México se habrán de presionar para retener los capitales, las exportaciones se incentivarán si es que se dirigen a los Estados Unidos.

Todo esto es un fenómeno pasajero. Tan pronto como Estados Unidos marque una ruta de normalidad monetaria y Europa, Japón o China logren tasas de crecimiento más positivas, la paz tendrá que regresar a los mercados financieros, incluidos los energéticos, las monedas, las tasas y las bolsas.