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Tardaremos algún tiempo en saber los daños largos que va dejando la pandemia en nuestras vidas, en nuestros hábitos, en nuestras emociones. Finalmente: en nuestra alma. El daño mental de la pandemia será distinto y menos fácil de medir que sus daños físicos, demográficos, económicos o laborales.

Hay algo por definición confinado, invisible, interior, que sucede durante la pandemia dentro de cada hogar, de cada familia, de cada persona, algo oculto a la mirada de los medios y a los relatos y las estadísticas habituales sobre los cambios de nuestra sociedad.

Difícil medir la huella del luto largo que dejan los millones de muertos en el mundo, 400 o 500 mil en México. Muertos a los que sus familiares no han podido despedir con los ritos funerarios de rigor, que son ceremonias convencionales en un sentido, pero son también formas consustanciales al lamento del duelo, a la resignación y a la cura.

Desconocemos los daños físicos y mentales de larga duración que el coronavirus dejará en quienes han sobrevivido a la infección, secuelas que aparecen tiempo después, en los pulmones, en los riñones, en el estómago, pero también en el cerebro, con cuadros de alucinación y terror.

Lo que se ha medido en México es que la población más expuesta a las condiciones de ansiedad, fatiga y angustia de la pandemia, es la de las mujeres.

Un estudio del Instituto Nacional de Psiquiatría sobre el primer confinamiento, el de hace un año, encontró que las mujeres se declaraban más preocupadas que los hombres por la situación (67.7% vs. 51.6%), tenían más miedo (27.7% vs. 15.9%) y estaban más tristes (26.7% vs.16%).

A esto hay que agregar el temor femenino a la violencia intrafamiliar, que el confinamiento potenció, a juzgar por el crecimiento, en más de 80% de las llamadas de mujeres a los servicios de emergencia respectivos.

La angustiosa multiplicación de las tareas de las mujeres durante el confinamiento quedó registrada en otra encuesta, hecha por la UAM. Según las mujeres entrevistadas ahí, la multitarea de ser mamá, hija, esposa y trabajadora durante la pandemia es “extenuante, asfixiante y angustiante”, palabras que dan título al artículo de Shoshana Berenzon e Ingrid Vargas en el número de Nexos de este mes, dedicado a la “fatiga pandémica” (https://bit.ly/3e2gllv).

“¿Qué más estará sucediendo en el interior de los hogares mexicanos?”, se preguntan Berenzon y Vargas. Buena pregunta. No lo sabemos.