Los falsos triunfos

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Laura GarzaEnfoque Manual

Lamentablemente su rostro en cada una de sus intervenciones era opuesto a festividad, su semblante era duro, fijo en el texto que portaba en sus manos y no se le veía por ninguna vía la emoción eufórica de la victoria

Días largos son los que hemos vivido tras la jornada electoral, adrenalina, nerviosismo y cansancio mental de estos tres meses de escuchar propuestas, canciones y uno que otro disparate de los distintos candidatos.

Los tiempos de campaña son como competir en un maratón, en donde se pelea cada posición, y cada espacio. Correr con el fin de llegar a la meta sea como sea, ganarle al de alado, esquivar los obstáculos que se presenten, aguantar el cansancio y buscar la motivación con los gritos de gente conocida y desconocida en las calles.

Como en toda carrera, los accidentes pasan y la capacidad de reacción suele ser la clave para mantenerse de pie o salir derrotado sin siquiera haber llegado al final.

La energía es otro factor determinante, y los más experimentados saben que no pueden arrancar con todo el poderío, sino que saber administrar la intensidad es parte del arduo camino que tienen por recorrer.

Eso es vivir en campaña para los candidatos y los equipos de trabajo a su alrededor.

Por eso cuando se llega a la meta final,  y vienen los días de silencio durante la veda electoral, los candidatos se muestran nerviosos, ansiosos y excitados por el día final en donde los ciudadanos salen a votar y ese último tramo de 24 horas se vuelve insoportable.

Todos los candidatos con sus respectivas banderas con los colores de sus partidos, se hondean al llegar a la meta.

No hay quien no llegue, todos la cruzan en el rol de ganadores, extienden sus manos, miran a las cámaras, gritan, lloran y sin importar el orden de su llegada, se proclaman los triunfadores y merecedores de la gloria.

Una escena que todos vimos el domingo a partir de las 6 de la tarde en los canales de televisión. Claro, unos más contentos que otros y unos con mayor alevosía que sus rivales.

Vimos a todos los colores cantar victoria, a los presidentes nacionales de cada partido y sus respectivos candidatos, todos haciéndose acompañar de quizá su equipo de trabajo o invitados que acudieron a sus anticipadas celebraciones.

Todos estaban de fiesta, y aunque el confeti y los papelitos de colores volaban por los aires, sus miradas y sus actitudes frente a las cámaras no coincidían del todo con la algarabía de alrededor.

Tal fue el caso de Mario Delgado,  presidente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional, o sea de MORENA, quien celebró en el salón de algún Hotel de la Ciudad de México mientras ofrecía una conferencia de prensa a nivel nacional.

Lamentablemente su rostro en cada una de sus intervenciones era opuesto a festividad, su semblante era duro, fijo en el texto que portaba en sus manos y no se le veía por ninguna vía la emoción eufórica de la victoria.

La imagen que captó el fotoperiodista Carlos Ramírez de la agencia EFE nos lo pone en evidencia, si es que acaso, usted no pudo estar al pendiente en tiempo real de las intervenciones de todos los involucrados en el proceso electoral y sus supuestos triunfos.

Reitero en los “supuestos” porque aún no habían pasado ni 30 minutos de haberse cerrado las casillas y todos tenían un conteo que les daba por finalistas.

Mario Delgado lucía preocupado, serio, sin ningún tipo de expresión coherente con los colores que volaban sobre él. Incluso la gente a su alrededor, compartían miradas de preocupación y fijas a la nada.

Ni uno, ni los otros confiaban en el mensaje que daban a los medios

En ese momento el mensaje era de triunfo con una mayoría en la Cámara de Diputados, y en las distintas gobernaturas. La incertidumbre escondida en festejos a destiempo y desatinados.

Morena perdió su poderío en la Ciudad de México, su principal trinchera y no alcanzó la mayoría de los diputados en la Cámara, es decir, perdió 56 representantes respecto a la elección pasada.

Es decir, hay mentirosos profesionales o personajes políticos que juegan a ser actores, sin darse cuenta que no pueden controlar su aspecto físico y las imágenes ante los ojos de los ciudadanos, son tan transparentes como el agua.

Mario Delgado sabía que no le había ido bien, tenía miedo negación a aceptar que no se llevaron el trofeo completo. Llegó a la meta, pero no alcanzó a entender que le habían rebasado y no lo hacían campeón.

No basta con levantar el puño en señal de triunfo, ni mirar de frente cuando el rostro no emite ningún tipo de reacción. No se transmite nada si no coincide el lenguaje verbal con el corporal, más aún sabiendo que el 7% del impacto total de la comunicación solo es lo que se dice, mientras que con nuestras posturas, gestos y movimiento del cuerpo emitimos un 55%, dejando al lenguaje paraverbal que es el tono de la voz, su ritmo y su énfasis el resto.

La carrera ha terminado y los resultados están siendo ya claros.

 

Falsos Triunfos Laura Garza
Foto de EFE/ Carlos Ramírez

 

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