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En un rincón húmedo de Xochimilco, donde antes el agua era clara y los árboles (ahuejotes) se miraban en el espejo de los canales, vivía un ajolote viejo llamado Axólotl Pérez, quien sobrevivía no gracias a la pureza del agua, sino gracias a una resistencia biológica digna de contribuyente mexicano ante el SAT.

El pobre anfibio nadaba entre bolsas de plástico, espumas sospechosas y descargas clandestinas de aguas negras que, según los estudiosos, ya sumaban más de 1,374. El ajolote no sabía contar, pero sí sabía distinguir cuándo el agua olía a canal y cuándo a drenaje con vocación política.

Un día apareció en la orilla de un canal una comitiva de funcionarios cargando brochas, cubetas de pintura morada y discursos ecológicos. —¡Buenas noticias!— gritó el más entusiasta, que jamás había metido un pie en esa agua por miedo a contraer conciencia social. —¡Has sido nombrado símbolo oficial de la ciudad!

Axólotl Pérez abrió los ojos con esa expresión de quien descubre que lo homenajearán mientras le vacían la cartera.—¿Y eso para qué sirve?— preguntó. —Para inspirar resistencia, transformación e identidad.—¿Y limpiar el agua? —No. Primero la pintura, luego veremos lo del ecosistema.

Y comenzó la “ajolotización”: Pintaron bardas, banquetas, sobre el pavimento de importantes avenidas y puentes peatonales de la Ciudad de México, ajolotes morados sonriendo como candidatos en campaña. Los expertos en cromoterapia advirtieron que la saturación del morado podía alterar el estado de ánimo, provocar ansiedad y generar fatiga visual. Pero el gobierno respondió con lógica burocrática: —La ansiedad no viene del color. Viene cuando se agota la quincena cinco días antes de cobrarla.

Mientras tanto, en Xochimilco, el agua seguía llegando tratada, es decir: tratada con optimismo. Los investigadores de la universidad denunciaban las descargas irregulares; los vecinos pedían saneamiento; los ajolotes pedían no morirse; pero la prioridad administrativa consistía en decidir si el siguiente dibujo debía llevar flores prehispánicas o diamantina feminista. Porque el color morado, explicaban los funcionarios culturales, reivindicaba luchas feministas históricas. Aunque algunos sospechaban que también reivindicaba contratos históricos de pintura.

Axólotl Pérez observaba todo desde un rincón del canal. Una tarde se le acercó un pez enfermo. —Oye, compadre— dijo el pez —¿es cierto que ahora eres el emblema de la ciudad? —-Eso dicen. —-¡Qué orgullo! —Sí, aunque hubiera preferido que me salvaran antes de convertirme en logotipo. El pez enfermo guardó silencio.

A lo lejos, una brigada gubernamental inauguraba otra pintura en el cruce de importantes avenidas representaba un ajolote más contento que un testigo de Jehová en una fábrica de timbres. Entonces el viejo ajolote comprendió la tragedia moderna, en la Ciudad de México, ya no hace falta conservar las cosas vivas, basta con pintarlas.

El pueblo también lo entendió. Porque mientras los canales se contaminaban y los habitantes de Xochimilco seguían respirando humedad, drenaje y promesas recicladas, la capital se llenaba de dibujos alegres que pretendían sustituir la realidad.

Y así fue como el ajolote pasó de especie en peligro a mascota oficial; de criatura amenazada a decoración urbana; de sobreviviente biológico a influencer gubernamental.

Todo muy moderno. Todo muy transformador. Todo muy morado.

Moraleja: Cuando un gobierno prefiere pintar en la vía pública ajolotes antes que salvarlos, no está cuidando la identidad del pueblo, únicamente está maquillando los baches.

Invitación

Queridas lectoras y apreciables lectores, el autor de esta columna los invita a que el día de mañana, miércoles 20 de mayo, asistan a las 11.00 A.M. —es temprano pero valdrá la pena— a la conferencia que con el título de “El Teatro de los Goles” ofrecerá el laureado escritor Juan Villoro en el edificio sede de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) en José María Velasco No. 59. Col San José Insurgentes, Alcaldía Benito Juárez. Entrada gratuita con sólo mencionar esta columna. Juan Villoro hablará de literatura y de futbol. No se lo pierdan.