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Son legítimas las preocupaciones de las firmas calificadoras que quieren saber cómo procederá el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en temas tan importantes como la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Las implicaciones de cancelar un proyecto de esa envergadura ante un eventual resultado negativo de una consulta entre gente inexperta genera temores fundados.

No son pocos los que también observan con mucha atención las señales sobre cuál será el manejo financiero del país a partir del 1 de enero del 2019. Porque si bien la próxima administración inicia el 1 de diciembre, este año ya tiene un presupuesto en ejercicio que no se puede modificar.

Pero a partir del 2019 se ejercerá un paquete económico que ya tendrá todo el toque del estilo de gobernar de Andrés Manuel López Obrador.

Los actuales funcionarios de la Secretaría de Hacienda ya han dejado en claro que ellos con gusto prestan la firma para la presentación de la ley de ingresos, una eventual miscelánea fiscal y el presupuesto de egresos, para que la manufactura sea totalmente del nuevo equipo hacendario, pero se pueda cumplir con la formalidad requerida.

Es justamente esto lo que quieren conocer calificadoras y analistas, qué tan responsable será el paquete económico del primer año de gobierno de López Obrador.

Saben que lo que se presente al Congreso el próximo 15 de noviembre será prácticamente idéntico a lo que se apruebe en un par de cámaras legislativas dominadas por el partido Morena, donde nadie se atreverá a poner en duda una decisión de su líder y futuro presidente.

Si bien no existe en este momento margen para un cambio radical en la forma de recaudar y gastar el dinero público, es un hecho que López Obrador se encargará de aplicar los cambios radicales posibles a ese paquete económico, porque así lo prometió en campaña.

Una primera angustia en los mercados tiene que ver con el mantenimiento de la estabilidad en las variables económicas y con que se continúe con la disminución de la deuda pública, que se había salido de control durante la primera mitad del gobierno de Enrique Peña Nieto.

En este sentido, lo que hay es la palabra del presidente electo y de los futuros funcionarios que eligió para ocupar posiciones en la Secretaría de Hacienda de que habrán de ser responsables con el manejo macroeconómico.

Debe ser ponderado y abonar a la tranquilidad lo que recientemente dijo Gerardo Esquivel, próximo subsecretario de Egresos de Hacienda, quien garantizó que se cuidará la estabilidad fiscal y que no se incrementará el endeudamiento.

El otro tema que tiene muy atentos a los que observan la economía mexicana es que realmente las cifras les cuadren. Si no piensan recibir ayuda de los que ya se van y tienen mucha experiencia en el ejercicio del poder financiero del país y si no habrá mayores cuestionamientos de diputados y senadores sobre el contenido del paquete económico, todos esperan que lo que planeen funcione.

La inexperiencia puede acabar con las buenas intenciones y, si hablamos de la economía y las finanzas, lo que se puede provocar es una crisis.

Por eso es que lo que hay hasta este punto es una alta expectación. No hay ni animadversión ni avales automáticos por parte del mercado, simplemente se contiene la respiración y se paga por ver.