¿Existe el PRIMOR?


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Comenzaré esta columna con una paráfrasis a la Ley de Campoamor –expresión que se usa como metáfora para dar a entender que alguien hace una interpretación personal y conveniente a su albedrío de una circunstancia-. La ley está basada en el famoso poema del español Ramón de Campoamor (1817-1901) que dice: “En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”. Propongo un cambio en el último verso: todo es según el color de la encuesta que se mira.

Comenzaré esta columna con una paráfrasis a la Ley de Campoamor –expresión que se usa como metáfora para dar a entender que alguien hace una interpretación personal y conveniente a su albedrío de una circunstancia-. La ley está basada en el famoso poema del español Ramón de Campoamor (1817-1901) que dice: “En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”. Propongo un cambio en el último verso: todo es según el color de la encuesta que se mira.

Esto viene al caso porque esta semana se confirmó lo que ha venido sucediendo desde la precampaña para la Gran Elección del 1º de julio, todas las encuestas de la intención del voto han sido favorables, de manera contundente, hacia la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. De ahí la aplicación de mi parodia o interpretación de la Ley Campoamor. Ahora que lo favorecen contundentemente, las encuestas ya no están, como hace seis y doce años decía el candidato tabasqueño, “cuchareadas”, ni hechas “a modo por la mafia del poder”.

A menos de un mes que terminen las campañas electorales, en el último ejercicio demoscópico del que tengo información: la encuesta publicada por El Financiero, el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” amplió su ventaja del 46 al 50 por ciento de las preferencias, en tanto que Ricardo Anaya bajó del 26 al 24 por ciento y José Antonio Meade subió de 20 a 22 por ciento, mientras que el independiente, Jaime Rodríguez “El Bronco”, aunque subió un punto –del 3 al 4 por ciento- se quedó en la cola (del caballo).

Así las cosas, ante el cercano triunfo electoral de López Obrador, se ha generado el rumor de que ha surgido un pacto entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y el candidato puntero. De esto dio cuenta el sociólogo, escritor y analista político, doctor José Antonio Crespo, que el pasado lunes escribió en El Universal: “Diversas columnas y trascendidos han apuntado en estas semanas que Peña no está dispuesto a ir con Anaya ‘ni a la esquina’. Y si algunos priistas del equipo de campaña parecen mantener la fantasía de que Meade logrará remontar y ganar, es probable que en Los Pinos tengan ya claro el escenario de la derrota. En tal caso, no sorprendería que hubiera ya pláticas con el equipo de Amlo”. (¡Ándese paseando! -diría el Zurdo Mendieta).

En el mismo periódico, en su edición de ayer miércoles, en una entrevista que le hiciera Francisco Reséndiz, Jorge Castañeda, coordinador de la campaña de Ricardo Anaya y excanciller en el gobierno de Fox, declaró, entre otras cosas, “que se ha concretado un pacto de impunidad entre el presidente Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador con miras a una transición del Ejecutivo a favor del tabasqueño a cambio de no ir a cárcel”. (¡Sopas! ¡Qué fuerte!).

Las dos lecturas de las que di cuenta me pusieron a pensar que tal vez dentro del surrealismo en el que se desenvuelve la política mexicana se ha constituido, de manera tácita, una alianza fantasma, entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). De existir, a esta alianza atípica y antípoda se le podría denominar: PRIMOR.

Según el diccionario, el sustantivo primor, significa: 1.- Destreza, habilidad, esmero o excelencia en hacer o decir algo. 2.- Arte, belleza y hermosura en una obra ejecutada. 3.- Persona de buenas cualidades. 4.- Primacía, principalidad. Por lo tanto, se podría deducir que en la denominada coalición PRIMOR, el PRI aportaría su destreza, habilidad y esmero para ganar, a como dé lugar, elecciones. Por su parte, Morena contribuiría con el arte, la belleza y la hermosura de la candidatura ejecutada por una persona de buenas cualidades, porque para Peña Nieto librar el peso de la justicia es su principal primacía.

Recién puse el punto y aparte al párrafo que precede a este, cuando una mano amiga me hace llegar la columna Uso de Razón, de Pablo Hiriart, publicada el pasado 4 de junio, en la que el afamado periodista antipeje escribió: “Los cercanos a Ricardo Anaya han echado a andar la especie de que hay un pacto entre el presidente Enrique Peña Nieto y López Obrador para que el uno de julio gane las elecciones el candidato de Morena. Se trata de una perversidad insostenible, que no pasa el análisis de un estudiante de primaria”. Hiriart sostiene el argumento de que López Obrador no necesita el apoyo de Peña para que mucha gente vote por él. Ni el presidente requiere de impunidad porque “ni siquiera hay un señalamiento hacia su persona que lo haga requerir protección ante una acción judicial”.

Termino de leer y reflexiono sobre la Ley de Campoamor: En este mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal, del billete, del partido y de la encuesta con la que se mira.

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Salí muy triste de mi cita con el médico. Me dijo que tenía yo prohibido cualquier tipo de entretenimiento: ir al cine, bares o restaurantes. Me aseguró que no podía comer pollo, carne, pescado y, mucho menos, mariscos. Nada de salir a centros comerciales o de compras. Le pregunté: Doctor, ¿qué es lo que tengo? Usted tiene… ¡salario mínimo!