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Dice Nicolás Medina Mora, en su artículo de julio, que la de Morena es una hegemonía fantasma: porosa, no bien construida por dentro.

Los escándalos del verano que suda esa hegemonía parecen darle la razón. Y agregan etiquetas ganadas a pulso: una hegemonía corrupta y amiga del crimen.

La hegemonía es porosa, en efecto, tiende a dividirse y pelearse, como lo hizo en las elecciones de Durango y Veracruz. Las excrecencias del verano han puesto a la vista algunas tensiones mayores en la cúpula.

Es pregunta común en la comentocracia si la presidenta Sheinbaum ha empezado a romper o no con su antecesor. Muchos creen que lo que vemos del verano sobre figuras de Morena camina en ese sentido.

Es un hecho que todas las excrecencias del verano son hasta ahora escándalos de opinión pública, sin consecuencias políticas de peso.

Los escándalos son reales. La tensión en la cúpula parece clara, entendiendo por esto el tironeo entre el ex presidente y la Presidenta, a propósito de algunos políticos impuestos por el primero a la segunda.

No es ningún misterio quiénes son esos políticos: Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Fernández Noroña y varios gobernadores incómodos. Eso, más los tirones en el liderato del partido Morena, puesto inicialmente al servicio de la vocación dinástica del Ex, para que su hijo Andy forje ahí su candidatura presidencial, desde el puesto de secretario de Organización.

Quienes creen que Morena se escindirá más temprano que tarde y que su escisión dará al traste con su proyecto, ven en esas tensiones anticipos de lo que puede ser una gran rasgadura, camino a las elecciones de 2027.

Pero la atención de la comentocracia está concentrada en si la presidenta Sheinbaum ha empezado o no a mover sus piezas para hacer lo que todos los presidentes de México con sus antecesores entrometidos: deshacer su influencia.

La verdad, andamos a las cábalas, como en tiempos del tapadismo clásico, leyendo síntomas, descifrando intenciones, adivinando intríngulis palaciegos que son especialidad de los enterados.

Es divertida la caballería, siempre lo fue, pero lo cierto es que, ni entonces ni ahora, sabemos lo que realmente está pasando.

Sólo son verdad las excrecencias del verano, y el escándalo moral que aturde a Morena.