EU, nuestro dolor de cabeza

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Enrique CamposLa Gran Depresión

Es muy pretencioso pensar que en la reflexión del voto, dentro de 11 días, la mayor parte de los electores será capaz de ponderar lo que implicará la relación de México con Estados Unidos.


Es muy pretencioso pensar que en la reflexión del voto, dentro de 11 días, la mayor parte de los electores será capaz de ponderar lo que implicará la relación de México con Estados Unidos.

Si no parece haber una comprensión colectiva de lo que implica arriesgar la estabilidad económica, menos se puede entender lo que significaría ponerle enfrente a Donald Trump a alguien tan radical como él.

No hay duda, estamos en uno de los peores momentos de la relación bilateral México–Estados Unidos.

Como nunca, se alienta la xenofobia en contra de cualquiera que del otro lado de la frontera tenga cara de mexicano. Las agresiones a quien tenga apariencia latina se multiplican a manos de personas que se dejan llevar por el discurso de odio que se alienta desde esa corriente política incrustada dentro del partido republicano.

No es un secreto que Donald Trump admira la forma de gobernar de Rodrigo Duterte en Filipinas, por sus métodos poco ortodoxos de combatir el crimen. Añora el poder absoluto de Vladimir Putin en Rusia, quien no sólo se ha perpetuado en el poder, sino que tiene en marcha una política de culto a su persona. Y abraza al dictador asesino de Corea del Norte, Kim Jong-un, quien es uno de los grandes criminales vivos de este planeta.

Al mismo tiempo, desprecia a Europa y a Canadá, a los que ya no considera naciones pares. Mucho menos tiene alguna consideración hacia México, a quien supone país de un dios menor y una amenaza a la que hay que contener con un muro, con límites comerciales y con la criminalización de sus habitantes.

Ese Donald Trump que desprecia, separa y encarcela niños, que quiere aniquilar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Ese presidente que claramente nos menosprecia tendrá frente a sí a un nuevo presidente en poco más de cinco meses, un nuevo presidente de México.

¿Qué va a pasar si en representación de México hay alguien más egocéntrico y con menos entendimiento del funcionamiento global?

Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, es hoy uno de nuestros peores dolores de cabeza.

Porque a los problemas que causa su presidente hay que sumar aquellas calamidades que históricamente rebotan en México. Por ejemplo, el enorme mercado de drogas que hay en ese país provoca que México sea un trampolín para los grupos del narcotráfico que encuentran aquí una cómoda alberca de impunidad para sus operaciones. Y del otro lado se internan en México armas de fuego que han inundado este país.

Si algo ha merecido el consenso de todos los candidatos presidenciales y de muchas expresiones políticas, es el manejo que ha dado la actual administración a las relaciones bilaterales, tanto a la condena por expresiones de Donald Trump tan lamentables como llamar animales a los migrantes, hasta el manejo de la renegociación comercial.

Si convivimos con un radical no es buena idea ponerle un espejo radical enfrente, tenemos todas las de perder. Es indispensable mantener una posición sensata e inteligente para sobrellevar la amenaza que representa la presidencia de este personaje.