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Cada vez queda más claro que un buen diagnóstico psiquiátrico presidencial le ahorraría muchos dolores de cabeza a la política, a las finanzas y a la sociedad estadounidenses.

El Dr Jekyll y Mr Trump, que aparentemente gobierna desde la Casa Blanca, parecen elegir objetivos para sus ataques donde más daño pueda autoinfringirse.

Los tiburones de la negociación explican que lo que realmente hace Donald Trump es presionar a sus contrapartes donde más les duele para lograr que cedan ante sus presiones.

Pero en realidad hay cierta dosis de masoquismo en sus estrategias.

Por ejemplo, la bipolaridad presidencial se nota enormemente en la relación con México. Justo cuando dice que más le interesa cerrar las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firma una orden ejecutiva para llenar de tropas federales la frontera común.

Pero México es, en todo caso, el eslabón débil y no le cuesta trabajo ejercer presión.

Sin embargo, hay otras actitudes de Donald Trump que toman la vía nuclear para arreglar problemas menores o incluso cuestiones personales.

Uno de los enemigos más recientes elegido por el presidente de Estados Unidos es el gigante del comercio electrónico Amazon. Los ataques al mecanismo de hacer negocios de esta empresa de Jeff Bezos han provocado un derrumbe en el precio de las acciones de esta firma gigante.

La duda razonable es si realmente Trump está preocupado por el cierre de los negocios de ventas al menudeo que no se han adaptado al comercio electrónico o si tiene interés verdadero en las tarifas del sistema postal estadounidense.

O si realmente todo el ataque violento contra Amazon tiene que ver con que el señor Bezos es dueño de The Washington Post, uno de los medios que más lo saca de quicio por echarle en cara historias que no le gustan a Donald Trump. Sería psicopatológico que ésta fuera la explicación.

Pero una prueba definitiva de su afán autodestructivo podría llegar en estos días a los mercados financieros.

Resulta que la declaratoria de guerra comercial a China no sólo afecta a los consumidores de productos asiáticos en Estados Unidos y a los productores estadounidenses que pagarán mayores aranceles en sus exportaciones.

Le ha dado un empellón a su principal acreedor en momentos en que Estados Unidos necesita colocar mayores cantidades de deuda para pagar el populismo fiscal de la reforma de Donald Trump.

El Departamento del Tesoro está en proceso de colocar casi 300,000 millones de dólares en deuda en los mercados, la mayor colocación desde la crisis del 2008, para completar las desajustadas cuentas tras el recorte de impuestos.

Nadie como los chinos tiene deuda estadounidense en su poder. Así que no sólo podrían no entrarle a la venta de garaje de la deuda, sino que podrían aprovechar para deshacerse de algo de sus tenencias, afectando con ello el comportamiento del mercado.

No las piensa, no las mide o simplemente le gusta jugar en la orilla del precipicio pensando que es demasiado listo para caer.