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Con la llegada de la primavera otra vez salió el sol en la economía de Estados Unidos. Se calentó hasta llegar a 4% durante el segundo trimestre, a pesar de que el pronóstico hablaba de 3 por ciento.

Lo mejor de todo es que a pesar de lo elevado que se puede ver el resultado, que por cierto es preliminar y puede cambiar de manera radical, es que si se mide en términos anuales el resultado es apenas un calorcito económico compatible con la ruta crítica planteada por la Reserva Federal en materia monetaria.

Estados Unidos mide su desempeño económico en comparación con el trimestre inmediato anterior y el resultado lo multiplica por los cuatro trimestres de un año. Si aplicamos la metodología que usamos en México para contabilizar el Producto Interno Bruto (PIB) tenemos un crecimiento anualizado de 2.4 por ciento.

Nada malo para ese país que mantiene un promedio de crecimiento de 2%, que es algo que está por debajo de su potencial y necesidad de crecimiento para acabar de paliar los efectos arrastrados desde la gran recesión del 2008-2009.

No era difícil prever que la economía tenía que crecer después del hundimiento de 2.1% del helado primer trimestre del 2014. Y lo hace hasta este punto sin temores de un sobrecalentamiento que implique un golpe de timón en la política monetaria.

A la par del dato preliminar del PIB del segundo trimestre de Estados Unidos, nos enteramos que la creación de empleos en el sector privado, que mide la firma ADP, quedó por debajo de las expectativas del mercado. Se crearon 218,000 plazas contra la ambición de ver creados 230,000.

Entonces no hay señales de un acelerón que requiera un adelanto en los tiempos de incremento en las tasas de interés.

Además, vale la pena entrar al análisis de qué fue lo que creció durante el trimestre pasado. En primer lugar, el mal tiempo impidió a las empresas surtir adecuadamente sus inventarios y durante la primavera lo pudieron hacer.

Por ello, el aumento de los inventarios se llevó uno de los crecimientos trimestrales mayores.

Lo mismo sucedió con los consumidores que tuvieron mucho frío como para salir a comprar coches o lociones. El consumo personal tuvo un incremento trimestral de 1.69 por ciento.

La inversión tanto empresarial como residencial se mantiene con un crecimiento modesto. Así como el gasto público que sigue en proceso de corrección de sus abultados déficits.

Como el consumo aumenta, las importaciones también crecen. Y esa es una buena noticia para la producción nacional que se destina a ese mercado. La industria automotriz establecida en México sí deja ver los efectos positivos de ese crecimiento.

Este dato de 4% de crecimiento trimestral puede ser el parteaguas hacia mejores datos económicos, que dejen atrás también algo del pesimismo que ha privado entre muchos agentes económicos.

Y de paso, la gradualidad de la recuperación puede dejar tranquilos a los participantes de los mercados, que no encontrarán razones para entrar en pánico ante un eventual incremento en las tasas de interés de Estados Unidos en el futuro inmediato.