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El 10 de diciembre, el Fiscal Gertz anunció el fin de la ola de violencia en el país, gracias al trabajo de López Obrador. Sí, así dijo. Pero los campos de exterminio que están apareciendo son el resultado real del trabajo de López Obrador: el señor no hizo nada para acabar con la violencia.
Incluso, las 80 masacres registradas desde que López Obrador acabó su gestión de gobierno son otro ejemplo de que no hizo nada para acabar con la violencia: heredó un país bañado en sangre y, ahora, plagado de horror, con los campos de exterminio.
Peor, por los días a que Gertz anunció el fin de la ola de violencia (en el Consejo Nacional de Seguridad) ocurrió la masacre de seis en el bar “Bling Bling”, Edomex, donde, ese fin de semana, mataron a 22 personas. Y en Guanajuato habían matado a cinco en una clínica.
Hasta ahora, las masacres (asesinato de tres personas o más en un mismo crimen) eran la máxima expresión de horror de la política de tolerancia al crimen practicada por López Obrador. Ahora ya hay campos de exterminio. El horror dio paso al espanto.
Montones de zapatos, playeras y mochilas en el rancho Teuchitlán, Jalisco, dispuestos para identificar por los familiares de los desaparecidos. Una imagen similar a las del Holocausto. La Guardia Nacional y la policía de Jalisco habían estado allí antes y no vieron nada.
Pero quizás la Guardia Nacional y las autoridades de Jalisco no fueron omisas de manera premeditada: es imposible que tantos soldados y policías estén vinculados al crimen organizado. Lo que sucede es que la gestión de López Obrador consiguió banalizar el mal en México.
Simpatizantes suyos sacaron a la venta camisetas con la imagen de la Santa Muerte y un mensaje a su favor del entonces presidente, a lo cual él dijo: “Tienen derecho y eso se llama libertad religiosa”. Hasta ese momento se habían registrado 267 masacres en el país.
Tras el asesinato de seis jóvenes en Lagos de Moreno, le preguntaron sobre el caso, y contestó con un chiste:
Ayer me decía un amigo, que dice que le decía su esposa ‘que me des 200 pesos para ir al mercado’, ‘no oigo, por acá por el otro’, ‘que me des 500 pesos para ir al mercado’, ‘mejor los 200′”.
Cuando el diario Reforma publicó una portada con el cabezal “Suma México 45 masacres”, él respondió:
A ver, pon la primera plana del Reforma, en una de esas la encontramos. Ahí, mira. ¡Ahí están las masacres!, je, je, je.
 
Los campos de exterminio son el resultado de la normalización de la risa por las masacres.
Y lo que sigue será irremediablemente peor.