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Donald Trump nos ofrece extender sus manos y otorgarnos su perdón divino para librarnos de la plaga de los aranceles al acero y el aluminio que está a punto de dictar al mundo a cambio de un Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) renegociado con justicia ante sus ojos.

No cabe duda de que todos los populistas son iguales, sólo que los que están en el poder son los verdaderamente peligrosos.

Terminó la ronda siete de la renegociación del acuerdo trilateral de libre comercio y vale la pena preguntar de qué sirve reunir a cientos de expertos a que discutan, desde su amplio conocimiento de las reglas del juego comercial, estrategias para destrabar el TLCAN si cualquier mañana amanece este personaje, que tiene capacidad de destrozar el acuerdo, con ganas de joder.

Piense en todo el trabajo técnico que se requirió para poder cerrar unos cuantos capítulos de la renegociación, todo lo que implica buscar mecanismos para que la industria automotriz encuentre un esquema justo de reglas de origen sin que se ate las manos.

Todo eso y mucho más para que el presidente de Estados Unidos diga que lo que realmente le falta a México es frenar de manera más efectiva el tráfico de drogas y que los canadienses “traten mucho mejor” a sus agricultores.

Donald Trump nos ofrece la gracia divina de dejarnos fuera del diluvio universal de aranceles a los metales si le otorgamos como ofrenda un TLCAN que sea un corderito para sus intereses.

Lo que hay que tener claro es la disparidad en el impacto de lo que dice y hace Donald Trump. Está claro que sin TLCAN, en Estados Unidos se perderán muchos empleos y varios sectores resentirán un impacto inicial en lo que se esclarece el tipo de relación que se establezca con México.

Pero, de este lado de la frontera, un rompimiento del TLCAN implicaría la antesala de una crisis mayúscula. Desataría una calamidad tras otra, empezando por el impacto financiero que tendría.

Si se rompe el acuerdo, al dólar no le pasaría gran cosa, pero al peso le llegaría un bombardeo histórico.

Podría Trump perder algunas simpatías, pero en México el efecto político de romper el acuerdo comercial más importante por estas razones y en año electoral es impredecible.

La lógica del TLCAN vigente da para asegurar que México y Canadá deberían quedar excluidos de cualquier medida proteccionista de Estados Unidos en materia de acero y aluminio.

La naturaleza comercial del TLCAN debería hacer obvio que un combate más férreo al narcotráfico como lo tuiteó Trump está excluido.

Así es que, en la lógica negociadora, después de la séptima sigue la octava ronda negociadora, pero en el mundo real de incertidumbre cortesía de Trump, cualquier día amanecemos con ese mensaje definitivo del presidente de Estados Unidos con el anuncio del rompimiento final del más injusto y desventajoso acuerdo que jamás haya firmado ese país.

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